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Hace unos años, Frida Lyngstad, la cantante morena del grupo Abba, se decidió a revelar su particular historia. La artista contó cómo ella y su madre tuvieron que huir de su Noruega natal a Suecia para escapar de la persecución y las humillaciones a las que fueron sometidas. ¿El motivo? Ella era uno de los aproximadamente 20 mil niños Lebensborn, niños que fueron procreados como parte del siniestro programa racial nazi con el único objetivo de dotar de futuros líderes al régimen nacionalsocialista. En los años setenta, la artista consiguió encontrar a su padre biológico, un sargento alemán llamado Alfred Haase. Fue un encuentro frío y duro.
La novela de Francisco Javier Aspas, La casa del bosque de Marbach (Libroslibres), nos adentra en el oscuro mundo de las maternidades Lebensborn.
Una gélida noche de diciembre de 1941, la joven y bella Hedda Weiss ingresa en uno de estos centros, en un remoto lugar de Prusia oriental, una casa rodeada por un siniestro bosque.
Ella es tan sólo una de las miles de chicas que durante el Tercer Reich ingresaron en estos centros que formaban parte del siniestro programa racial nazi con la única intención de ofrecerle un hijo al Führer. En los siguientes años, sin embargo, descubrirá el poder de ese lugar y su oscura alma.
Durante su estancia en aquella casa, Hedda se debatirá entre la sugestiva fascinación destructiva del nacionalsocialismo y el terror provocado por un régimen delirante. Una lucha que la llevará a tomar finalmente una trágica e inesperada decisión.
La casa del bosque de Marbach desentraña con gran realismo la verdad del programa Lebensborn y ofrece una explicación del concepto de maternidad nacionalsocialista basado en la raza, donde, mientras las jóvenes arias sanas, de sangre pura y libres de enfermedades hereditarias tenían el derecho y la obligación de ser madres, aquellas que no cumplían con estos preceptos se veían abocadas irremediablemente a la esterilización o al aborto.
El estado, convertido en Dios, decidía en última instancia entre la vida y la muerte. Y todo amparado por sus propias leyes. Quizás, cuando el lector abandone los altos muros de Marbach Heim, su visión del mundo ya no vuelva a ser la misma.
En la actualidad, muchos de los niños Lebensborn se han unido en la asociación Lebensspuren, Huellas de Vida, como forma de apoyo mutuo, ayudándose en la búsqueda de sus orígenes y solicitando que se les restituya como víctimas del nacionalsocialismo. A ellos se les dedica esta novela. Su único delito consistió en nacer en el lugar equivocado, en la época equivocada. Sin embargo, han tenido que vivir toda su vida con el estigma de ser considerados «los niños del nazismo».
EL AUTOR

Francisco Javier Aspas (Teruel, 1966), apasionado de la Segunda Guerra Mundial, ha consagrado varios años a una investigación independiente sobre el fenómeno del nazismo, tanto en su aspecto político, como en sus vertientes sociológica, esotérica e histórica. Fruto particular de su estudio sobre las Juventudes Hitlerianas fue su primera novela y éxito editorial Los hijos del Führer (Libroslibres 2012).
EXTRACTOS DE LA ENTREVISTA
Se habla de entre 8.000 y 20.000 niños que salieron de Lebensborn.
«Todas las chicas que entraron en las maternidades Lebensborn fueron de forma voluntaria. De hecho, antes de entrar ya firmaban una declaración jurada por la que se comprometían a estar los nueve meses de embarazo, generalmente tres de lactancia y luego entregar el niño».
«Fue un programa secreto de las SS, así surgió y así nació».
«Desde el principio empezaron a correr por Alemania rumores sobre esto. Se empezó a hablar de granjas humanas, de criaderos de humanos. Pero el pueblo alemán no llegó a saber realmente lo que significaba este programa».
«Se llegó a decir en algún momento que en las maternidades había sementales de las SS a tiempo fijo, algo que no era verdad».
El mito de Hitler cuajó sobre todo entre la juventud y las mujeres.
El nacional-socialismo hubo dos aspectos que manejó a la perfección: la propaganda y la educación.

«En Prusia Oriental muchos pasaron de aclamar a Hitler a aclamar a Stalin».
«Hitler no engañó a nadie nunca. Fue votado por el pueblo alemán, pero el pueblo alemán sabía que iba a imponer un sistema totalitario».
Se acaba la Alemania nazi propagandística y llegaba la Unión Soviética propagandística. Se acababa un régimen y llegaba otro parecido.
Francisco Javier Aspas, La casa del bosque de Marbach. Libroslibres, 2013.
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