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PERIODISTA DIGITAL ENTREVISTA A LA AUTORA DE 'AFERRADA A LA VIDA' (RBA)

Giovanna Valls: «Hay gente que no es ignorante, sino mala. Te cierran puertas por ser portadora del SIDA»

"Mi hermano Manuel Valls, primer ministro francés, es un guerrero y espero que su carrera política dure muchos años"

16 Oct 2014 - 18:25 CET
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La hija del pintor catalán Xavier Valls y hermana del primer ministro francés, Giovanna Valls visitó Periodista Digital para hablar de su nueva obra ‘Aferrada a la vida’. En un libro muy personal cuenta la historia de su adicción y de su enfermedad.

Me propusieron esnifar una raya, como una rama que se estiraba. Era heroína, y yo era una ingenua. Así empecé la destrucción de mi vida. Esta es la historia de un renacimiento.

La batalla personal e íntima de Giovanna Valls contra la adicción más terrible, mostrada a través de las cartas que escribía y recibía, y de su diario durante el largo periodo de recuperación que empezó en 2004.

Un relato punzante, sin concesiones, escrito a trompicones, con un ritmo a veces rápido y otras veces sereno y poético, como la vida que se escapa, como la vida que renace.

A través de unas sobrecogedoras páginas de memorias, la autora se desnuda por completo «ante el dolor de la droga» y cuenta cómo quedó atrapada por la heroína, una adicción que la empujó a robar en grandes almacenes, a pincharse en el degradado barrio de Can Tunis, a ingresar varias veces en la cárcel y a infectarse del virus del VIH y de la Hepatitis C.

TITULARES

El libro ha salido primero en catalán porque escribí en catalán. Es el idioma con el cual me expreso, con el cual hablo con mi madre, con mi hermano y con mis amigos de Barcelona. Por lo tanto, decidí escribir en catalán porque es mi lengua a la hora de expresarme.

En el primer prólogo explico que empiezo en París con los problemas con la heroína con 20 años. Cuento que mi padre es pintor, que venían mis amigos a casa, que vivíamos en un ambiente que nos favorecía, en aquella época sin tele, con música y con mucho libro por el medio.

Empecé a escribir ese libro en el momento que decidí, en el 2004, salir de la droga, del mundo ese que me tenía sometida desde hacía siete años. Quise dejar atrás toda esa época de barro y empezar a escribir desde lo positivo.

Las ganas de escribir me vienen cuando yo reencuentro la cualidad de vida, cuando empiezo a recuperarme en una clínica privada. Y lo tengo claro, empiezo a escribir lo que siento cada día, como me despierto, como me miro al espejo…

Cuando me voy a Brasil, escribía cartas a mi familia, era como nos comunicábamos y mi padre me dijo: escribe todo aquello que ves, escribe todo aquello que sientes porque este viaje tiene que ser maravilloso.

Escribir el libro ha sido un gran trabajo. Escribía todo a mano, en libretas, en diarios. Entonces claro, ha sido un trabajo de muchos años, empiezo en 2004 y termino en 2011. Lo cual no quiere decir que yo me recupero en 2011, en 2006 ya vuelvo absolutamente recuperada y sigo con ese manuscrito porque pienso que el proceso es largo después de una vida de tanta adicción durante tantos años.

Lo que me empujó a salir de ese pozo que es la droga, fueron las cosas sencillas de la vida, mis padres que llevaban años luchando por mí, los valores que ellos me enseñaron y que en el fondo nunca perdí, y que luego reencontré esas cosas sencillas que cuando me releo en otro idioma me sigo emocionando. Me empujó el servicio médico, incluso el servicio médico de la cárcel la última vez que estuve. Me empujó el servicio médico del hospital que me llevaba entonces.

Si sigues con 40 años, con 36 kilos, si sigues una semana más o dos semanas pinchándote no te queda más que una semana o dos.

A pesar de que ya lo tenía asumido, hubieron muchos momentos en los que me quise morir, pero nunca lo intente. Llegó un momento después del último mes que pase en la cárcel, que me desintoxico de nuevo. Me doy cuenta de que quiero salir, pero que de manera no puedo. Me doy cuenta que tenía que salir de este mundo, tenía que salir del ambiente en el que vivía.

Tuve que pagar un precio muy alto por drogarme que es el virus del SIDA y la Hepatitis C. La Hepatitis C ya me la han erradicado, gracias a Dios.

Lo que me empujó a salir de este mundo fueron las ganas de vivir. Hay una metáfora en el libro, donde me paso la noche delante de una balanza, y de una jeringuilla bien llena. Como para traspasar o ver que es lo que pesa más. Es una metáfora, pero fue así.

En una mañana decidí dejar atrás toda esa mierda y pedir ayuda. Pedir ayuda de una manera coherente y aceptar todo lo que me iban a proponer. Estaba dispuesta a todo. Estaba tan cansada de esa vida. Por lo tanto, sabía que dentro tenía mis cualidades. Tenía mi sentimiento de fe, de Dios que nunca me ha abandonado.

Me pude perdonar, que es la cosa más importante para volver empezar.

Cuando acabé el libro mi hermano todavía no era primer ministro. Le hicieron una biografía y me pidió permiso para publicar un capítulo sobre mí. No queríamos que otra persona contara nuestra historia.

Hablo bastante con mi hermano. No todos los días, pero sí nos hablamos por mensaje. Siempre me cuenta donde va, y yo igual.

En el fondo mi vida, desde que empecé a drogarme ronda la muerte. No solo ronda a mi alrededor, si no está dentro de mí.

Regresé de Brasil a principios de 2006 y mi padre moría a final de 2006. Tuve la suerte de volver y de encontrarme con un hombre que todavía estaba bien de salud y que pudo ver mi renacimiento. Llegó a leer muchas cartas, pero no todo. Él fue uno de los que más me influenciaron, incluso en sus últimos días. Y tuve la suerte de poder estar todo el momento a su lado, hasta su último suspiro.

Mi padre estuvo consciente hasta el final, incluso con morfina, no se quería morir tampoco, no se quería ir. En la mirada y en el pacto de las manos, en el tocarse, cuando uno está traspasando pacté con él algo muy íntimo entre nosotros, como diciendo ‘tu te vas, yo me quedo y yo no te voy a defraudar nunca más’.

Como enferma del virus del SIDA en estos últimos días, con todo lo del ébola, me ha recordado ciertas cosas, incluso en los años 90, cuando iba a la cárcel, lo primero que me decían ‘esta tiene el bicho’. Hay gente que no es ignorante, sino es mala te cierran puertas por ser portadora del SIDA.

En los últimos años ha habido un cambio de mentalidad en cuanto al SIDA. Sí me he encontrado hace pocos años, como cuatro, con tipos de gente que hace parte de tu vida cuando eras más joven que no te invitan a su casa por el virus. Y eso sí que duele.

Uno tiene que tener la autoestima lo suficientemente alta para quererse a uno mismo y decir ‘yo soy 0+, ¿y qué? está controlado, sé protegerme, sé proteger a los demás y esto es así’. Con el ébola se les ha ido de las manos y espero que pronto sea una cosa controlada y que todo se pueda poner en orden.

Yo creo que mi libro puede ayudar a mucha gente. Mucha gente que todavía está atrapada, familiares que no saben cómo manejar la situación.

No sé cuanto tiempo va a durar la carrera política de mi hermano. Es primer ministro de Francia y espero que lo sea durante muchos años, que llegue lejos porque se lo merece, es un guerrero.

Hija del pintor catalán Xavier Valls i Subirà y de Luisa Galfetti, originaria de Ticino. Hermana del actual primer ministro francés, Manuel Valls, dieciséis meses mayor que ella. Giovanna Valls tiene estudios superiores en turismo e idiomas, trabajó durante muchos años como asistente de turismo en Europ Assistance.

En 1985 abandonó París para mudarse a Barcelona. Después de un largo paréntesis entre la exuberancia de la selva amazónica y las suaves colinas del Maresme, volvió para instalarse definitivamente en la casa del familiar del barrio de Horta en 2007.

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