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En Chile, por la Universidad y en el Estadio Nacional.

La ópera “Carmina Burana”, al Guinness

50.000 espectadores de forma gratuita fueron testigos. Millones por la radio y la televisión estatal chilena. La orquesta y el coro de ánimas, llegaron a los 160 músicos y cantantes.

Alfonso Abril 23 Ene 2026 - 09:54 CET
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El pasado sábado 18 de enero en Chile en el Estadio Nacional tuvo lugar un momento operístico de carácter mundial, la representación  de la ópera “Carmina Burana”, con la colaboración de la Universidad de Chile y protagonizada por la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, dirigida por el maestro Carlos Vieu, y el Coro Sinfónico Universidad de Chile, que dirige Juan Pablo Villarroel, junto a las voces de los solistas Tabita Martínez, soprano; Moisés Mendoza, contratenor y Pablo Oyanedel, barítono.

La función tuvo carácter gratuito. Los gastos corrían por cuenta de la Universidad de Chile, la aportación de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile y diversos departamentos culturales del gobierno. Todo un alarde, para conseguir inscribir en el Guinness esta ópera y ofrecer al público chileno un acontecimiento singular.

Una gran ocasión para llegar a un público masivo, que vea y escuche, en muchos casos, por primera vez, una obra sinfónico-coral con una orquesta, un coro y solistas en vivo. A través de la televisión nacional y de los medios de la Universidad, que dio la posibilidad para oyentes y televidentes poder ser testigos del concierto histórico con más de 50.000 espectadores, con una orquesta cerca de 100 músicos y el coro, dividiendo la orquesta en secciones de cuerdas, vientos, percusión arpa y piano. “El coro de animas” situado en el fondo del escenario llego a los 60 componentes de todos los tonos necesarios para complementar la orquesta en su actuación.

En un contexto generalizado de la música clásica, en especial las óperas, tanto los aficionados a ellas, como los que se mueven paralelos al sonido de las mismas, pero sin acercarse mucho, no vaya a ser que se aficionen, tienen en común el recuerdo de un instante que puede durar de tres a cinco minutos y que queda patente en el cerebro de los oyentes y se les resume toda la obra de casi dos horas.

Digamos que entramos en el cante, porque en el comportamiento con la opera Otelo, la Boheme, Tosca o La traviata, tenemos más que de sobra para acordarnos de no dar celos, ni de tenerlos; no llevas una navaja en el refajo, o cantar en la ducha… ”la donna e mobile”. Como tampoco, aportan líquidos transparentes y de olor agradable, pero mortal en su ingesta.

Disfrutamos en esos instantes, dentro de un contexto operístico que nos produce placer y difícil de desmemoriar a los 3/5 minutos a veces con letra,a veces sin ella, tarareándola en sus pasos musicales. Nos referimos, por ejemplo, a la opera Turandot, en donde se substrae del acto final para todos y para toda la vida, el aria más difícil de cantar y ha sido y es interpretado por los grandes, los pequeños y los que no saben cantar. Nessun Dorma (Que nadie duerma), pero la excepción la puso, Pavarotti.

Giuseppe Pavarotti era el máximo exponente de esta aria. En el agudo hacia arriba sostenido y sin respirar, para bajar y volver a subir. Si esta aria que dura apenas tres minutos “no te pone los pelos como escarpias” cuando la oyes aun cierto volumen, es que no eres un ser humano.

El término aria, procede del italiano y se trata de un elemento esencial en la ópera y otras formas de teatro musical. Creada para ser interpretada por una voz solista, un aria permite al cantante de ópera mostrar sus habilidades vocales sin la compañía del coro.

Aunque generalmente se acompaña de una orquesta, el protagonismo recae en la voz del solista, que resuena entre todos los asistentes de la sala. Esta estructura musical nació durante el Renacimiento y ha evolucionado hasta convertirse en uno de los momentos más emocionantes y esperados de la ópera.

En definitiva, el aria, en una ópera cumple la función de enriquecer la narrativa, como la experiencia del espectador y permite al personaje expresar sus sentimientos y pensamientos más profundos, proporcionando al público una comprensión más íntima de su estado emocional y creando un momento de gran intensidad dramática, sentimental y emocional. Psicológicamente, diría que es una “bofetada de aire fresco” para el espíritu.

Otro caso parecido a tener en cuenta es “El Adagio de Albinoni” o “Adagio en sol menor”, pieza neobarroca para cuerda y órgano en sol menor. Originalmente es atribuida al compositor veneciano del siglo XVIII Tomaso Albinoni, aunque en realidad se cree que fue compuesta en 1945 por el musicólogo italiano Remo Giazotto. Su descripción puede estar en ser un lamento del corazón con la variante de sostener la posición (la vida) por encima de la muerte. Es una composición que debe de oírse, principalmente en momentos de soledad.  Aun siendo instrumental y sin palabras lo dice todo y se interpreta según sea uno y su estado de ánimo en cada momento. Compruébelo, vera como tengo razón.

La duración varía según la interpretación, pero las versiones más conocidas suelen durar entre 5 y 7 minutos, tocado a un tempo lento (adagio), con alrededor de 60 a 70 negras por minuto, interpretado generalmente por cuerdas y órgano, y es famosa por su melodía melancólica y solemne. «Adagio»: Significa «a paso lento», lo que marca el ritmo general, no una duración fija.

Más casos de mimetismo musical, lo tenemos con Verdi y en Rigoletto en su último acto con la alegre aria de “la donna e mobile”; el segundo acto de Madame Butterfly con “un bel di vedremo” de Giacomo Puccini o en nuestro siglo XX, con la puesta en marcha de los musicales, nos acordamos de temas como, Memory de la opera Cats; “no llores por mí Argentina” de la ópera “Evita”, entre otros, simplemente al sonar de los primeros acordes. Quizás sea en las zarzuelas donde queda más expresada las frases cantadas en la mente que no hay forma de salir de ellas, tanto por la repetición, como por la época de su representación que marca una época y un estilo de vida. Comenzaron a representarse en el siglo XVII, durante el reinado de Felipe IV, en un pabellón de caza real llamado «La Zarzuela» llamado ais por las zarzas que rodeaban al pabellón de donde el género toma su nombre. Estas obras tempranas eran cortas, combinaban canto y partes habladas, y se interpretaban como entretenimiento de la realeza antes de convertirse en un género teatral popular español que tuvo un gran auge en la segunda mitad del siglo XIX y de gran difusión en el XX,

Entramos en el caso que nos ocupa, la ópera, Carmina Burana. Célebre cantata escénica compuesta por Carl Orff en 1935-1936, basada en poemas goliárdicos medievales (siglos XII-XIII) sobre el amor, la naturaleza y el destino, estrenada en 1937, y famosa por su poderoso coro inicial y final, «O Fortuna», que utiliza una gran orquesta, coros (incluyendo niños) y solistas para crear un espectáculo vibrante, ritual y lleno de ritmos percusivos, requiere una orquesta grande, dos coros mixtos, y tres solistas (soprano, tenor, barítono).   siendo parte de una trilogía escénica y una obra clave del siglo XX.

La música se basa en los poemas encontrados en el manuscrito Carmina Burana (Canciones de Beuern), una colección de textos irreverentes de goliardos (clérigos errantes). Los textos medievales celebran la vida, el vino, el juego, el amor carnal y critican la autoridad, temas que Orff capturó con música enérgica y primitiva.

Carmina Burana, es el título en latín de una colección de cantos de los siglos XII y XIII que se han conservado en un único códice, encontrado en 1803 por Johann Christoph Von Aretin, historiador, bibliotecario y abogado alemán, en la abadía de Bura Sancti Benedicti en Baviera.

Johann Andrea Schmeller, lingüista y germanista alemán, fue quien dio el título de “Carmina Burana”, al conjunto de manuscritos en 1847, ​y Michel Hofmann, director de los Archivos Estatales de Würzburgo, ayudó a Carl Orff a elegir veinticuatro canciones y con la cantata, que adquirió relevancia a partir de 1937.

La mayor parte de los poemas y canciones parecen, por su estilo disoluto, crítico e irreverente, ser obra de los goliardos,​ clérigos o estudiantes que llevaban una vida errante y desordenada en una época en que el latín era la lengua franca en toda Italia y en el occidente de Europa para académicos, para las universidades y para los teólogos de la época.

Sin embargo, la obra no es uniforme, ni temática ni lingüísticamente: si bien aparecen textos principalmente en latín medieval, una parte de ellos están escritos en antiguo alemán medio y otros con rastros de francés antiguo, incluso algunos de ellos son textos macarrónicos: mezcla de latín y de alemán o de francés vernáculo.

En Carmina Burana, se satiriza y critica a todas las clases sociales en general, especialmente las personas que ostentaban el poder en la corona y sobre todo en el clero. satirizar la decadencia de la curia romana, o para construir elogios al amor, al juego y, sobre todo, al vino, en la tradición de los “Carmina Potoria”. Por otra parte, narran hechos de las cruzadas, así como el rapto de doncellas por distinguidos caballeros en una euforia de vino y lujuria.

Su inicio, con la interpretación de “O Fortuna”, e igualmente resuelto como final de la ópera, se ha convertido casi en un ícono musical de caracter universal: aparece en películas, series, anuncios, ceremonias y eventos deportivos, y su fuerza dramática es tan grande que incluso quienes no saben nada de música clásica, la identifican al instante. Sin embargo, la historia detrás de esta obra es mucho más profunda y fascinante, y conecta la Edad Media con el siglo XX y XXI, a través de un puente inesperado formado por poesía, manuscritos y una visión moderna del arte.

El resultado de este concierto en Chile, bajo el cielo de Santiago, es lo que dijo la Rectora de la Universidad, Rosa Devés, antes de dar inicio a la jornada con un mensaje que resonó con fuerza: “La cultura es un bien público y no un privilegio”.

Sus palabras no fueron solo retóricas, se reflejaron en las gradas repletas de familias que viajaron desde comunas como Los Andes y Casablanca. Demostrando que el interés por el arte de alta calidad atraviesa todas las capas sociales y geográficas.

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