Lo que cree el corazón, eso confiesan los labios: «El Señor ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra». Israel, el Israel de la fe, nunca dejó de ser un clamor de peregrinos con esperanza, y, de modo semejante, la Iglesia, la humanidad nueva, nacida de Cristo exaltado en la cruz, sólo podrá ser una comunidad de pobres proyectada hacia el futuro, hacia la justicia y el derecho que Dios ama, hacia su misericordia, que los pobres necesitan y esperan.
La Iglesia es comunidad en vela, en oración, atenta a la venida del Señor: «Aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y nuestro escudo».
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