José Ramón Busto es una gran figura del pensamiento y de la universidad en España. Nació en Burgos, tiene infinidad de títulos. Es doctor en filosofía, fue director del departamento de filología bíblica del CSIC, y hoy, además de dar clase y dedicarse a la escritura, es el rector de la prestigiosa Universidad Pontificia Comillas. Desde su óptica jesuita, observa con preocupación y esperanza la vida educativa, para la que pide consenso y la religiosidad en España, y afirma que «la secularización no es tan fuerte como parece».
Opina que «una excelente preparación profesional no se opone a una formación profundamente cristiana», a la vez que se muestra preocupado por la Educación española: «No podemos seguir dando bandazos cada vez que hay un cambio de gobierno, incluso dentro del mismo color».
Apuesta por el Plan Bolonia, puesto que cree que su pedagogía «es la que ha estado practicando la Compañía de Jesús desde sus inicios». Ha pasado por los micrófonos de Religión Digital.
P- Padre Busto, bienvenido.
R- Muchas gracias.
P- Comillas es un nombre con mucha historia, sin necesidad de remontarnos a los orígenes. ¿Sigue permaneciendo viva esa historia en la actual universidad?
R- Ciertamente. Comillas se fundó en 1890 como un seminario del Papa en España. En 1904 el Papa Pío X la elevó a la categoría de Universidad Pontificia, para impartir títulos eclesiásticos. Se trasladó a Madrid en 1968 y en el 78 integró el ICAI y el ICADE, otras instituciones universitarias de la Compañía de Jesús en Madrid, dando lugar a la universidad católica que hoy somos. Que cultiva las ciencias eclesiásticas a la vez que un conjunto de titulaciones civiles.
P- Cuando Comillas sólo estaba en Santander, se le llamaba la cuna de los obispos en España. Por allí pasaron muchos miembros del episcopado.
R- Muchos estudiaron allí, sí. Hay que tener en cuenta que, con la constitución apostólica del deus estentiarun dominus dei, del Papa Pío XI, Comillas quedó como la única universidad eclesiástica en España. Era la única que podía dar títulos, porque su calidad era la única que los garantizaba.
P- ¿De qué época estamos hablando?
R- La constitución apostólica fue en 1925 y la visita fue en 1932, precisamente cuando el gobierno de la República expulsó a los jesuitas de España.
P- ¿O sea que llega a primar incluso por encima de la Pontificia de Salamanca?
R- La de salamanca no existió hasta 1942, después de nuestra Guerra Civil (o incivil). Los estudios eclesiásticos se habían expulsado de la universidad española en 1851 primero, y en 1968 definitivamente. Eliminaron la teología, el derecho canónico, etc, de la universidad pública.
P- Me imagino que ese espíritu lo sigue conservando. Y además, ustedes la denominan la universidad de la excelencia. ¿Por qué ese eslogan, el valor de la excelencia?
R- Bueno, elegimos como eslogan lo que sinceramente queríamos hacer y creemos que en gran medida estamos haciendo. Cuando nosotros escogimos el valor de la excelencia, la palabra de moda en el mundo universitario era calidad. Y sin embargo, en estos pocos años el término excelencia se ha popularizado.
Nosotros queremos ser una universidad que se caracterice por la excelencia de su trabajo en dos aspectos bien significativos: uno, en la preparación profesional de nuestros estudiantes. En nuestra universidad casi todos los estudios, dejando a parte los eclesiásticos -que siempre son mas teóricos-, preparan para el ejercicio profesional.
Y el otro aspecto en el que queremos ser excelentes es en nuestra identidad. En nuestra forma de enseñar, de investigar, en nuestra forma de ser universidad, que yo caracterizaría con tres claves: Por una parte, la formación integral de la persona humana. No se trata de hacer buenos profesionales analfabetos en las ciencias y ramas que no sean su especialización, sino que, siguiendo la tradición de la Compañía, sean buenos ciudadanos y buenas personas.
La segunda clave es la preparación para la justicia, para la profunda conciencia social. El seminario de Comillas nació como seminario de pobres. Se quería tener los mejores alumnos de las diócesis españolas, pero gratuitamente. Y los pobres, que no podían pagarse sus estudios, eran los que en el origen tenían el acceso más fácil a Comillas.
Y por último, la apertura a la fe. Comillas es una universidad católica, se enorgullece del título de pontificia, y nosotros a nuestros alumnos les proponemos (no les imponemos, como diría el Papa Juan Pablo II) los elementos básicos de una fe religiosa abierta a la trascendencia, a encontrar el sentido de la vida y la realización como hijos de Dios.
P- Pero en una España tan secularizada, ¿esa propuesta conecta con los alumnos, con los chavales jóvenes?
R- Yo creo que sí. Muchos de nuestros alumnos vienen de colegios religiosos donde han tenido también formación cristiana, muchos de ellos pertenecen a familias creyentes… Es verdad que nuestra sociedad esta muy secularizada en comparación con siglos pasados, aunque probablemente lo esté más en la vida pública, en los medios de comunicación, que en la sociedad en sí misma (las personas, las familias…). Creo que la secularización en la vida privada no es tan fuerte como parece.
Una gran parte de nuestros alumnos viene por nuestro prestigio académico, porque damos una formación de calidad. Otra gran parte viene por nuestra formación humana y cristiana. Y, evidentemente, otra gran parte viene por las dos cosas a la vez. Porque una excelente preparación profesional no se opone a una formación profundamente cristiana. Más aún, nosotros creemos que ambas cosas se ayudan entre sí.
P- Para conseguir todos estos excelentes objetivos, ¿cuántos profesores tiene?
R- En este momentos hay 350 profesores dedicados completamente a la universidad y casi mil profesores que colaboran con ella, aunque tengan su vida profesional fuera. Nuestras enseñanzas son prácticas y queremos contar en la formación de nuestros estudiantes con profesores académicos dedicados a la investigación y a la atención a los alumnos, que hacen su jornada laboral completa en la universidad, y también con profesores que están en la industria, en las empresas, en los despachos… Para que traigan al mundo de la universidad la vida profesional. Estos son unos 600 más.
P- ¿Cuántos alumnos tenéis?
R- En este momento tenemos 10.100 alumnos, de los cuales 7.000 son de grado, unos 500 de doctorado, 2.000 de postgrado, y otros mil más de alumnos extranjeros que hacen diversos cursos especiales.
P- Y eso que tengo entendido que limitan ustedes el número de alumnos, me imagino que por no masificar y por seguir consiguiendo la excelencia, ¿no?
R- Sí, claro. Depende de las titulaciones, pero nosotros admitimos a los alumnos que podemos admitir. Nuestra universidad es mediana, tenemos las posibilidades que tenemos en cuanto a instalaciones. Pero tampoco queremos crecer más. Entre cantidad y calidad, nuestra opción está por la calidad. En este momento, en España, no hay ningún alumno que quiera estudiar en nuestra universidad y se quede fuera. La oferta universitaria es sin duda superior a la demanda.
P- ¿Incluso económicamente? Es decir, hay quien piensa que una universidad así, de excelencia, de élite, no estará al alcance de cualquier familia media española, o pobre.
R- Evidentemente la universidad privada hay que pagarla. En ese sentido, la pública le cuesta al alumno el 15% de lo que le cuesta a los Presupuestos del Estado. Sin embargo, entre las universidades privadas, nosotros estamos entre los costes más bajos, y no lo queremos subir mientras económicamente podamos hacerlo. Por otra parte, también tenemos un sistema de becas. En el curso que hemos acabado los alumnos han recibido 2 millones y medio de euros en becas. Una parte la paga el Ministerio de Educación, en base a los ingresos de las familias. Otra parte la da la Comunidad Autónoma de Madrid, como becas de excelencia a nuestros alumnos, que no tienen que ver con los ingresos de los padres, sino con las notas que llevan ellos. En esta parte, somos la universidad de Madrid que tiene más becas de excelencia en términos proporcionales. Y la otra parte la da la propia universidad a sus estudiantes.
P- ¿O sea que el buen estudiante, aunque sea pobre, puede salir adelante en Comillas?
R- Ciertamente. Nosotros no queremos que nadie deje de estudiar en nuestra universidad por razones económicas. Y en esto somos herederos de nuestra historia, tanto del seminario como del ICAI, que ya desde el comienzo tenía unas clases por las mañanas en las que el primer año se pagaban 12 pesetas, y otras por la tarde totalmente gratuitas.
P- El ICAI se ha convertido en una imagen, en una marca por sí sola. Me imagino que se siguen rifando a los alumnos incluso sin terminar la carrera.
R- Sí, así es. Sobre todo en Ingeniería Superior Industrial. En el Instituto Católico de Artes e Industrias tenemos las diferentes ramas de ingeniería industrial y de informática. ICADE fue pionero en España. Nació para dar cursos de gestión empresarial a profesionales, y en 1960 se transformó en una institución universitaria donde a los alumnos se les prepara para administrar y dirigir empresas (a nivel jurídico, de marketing, de gestión de recursos humanos…).
P- ¿Como una carrera con varias carreras?
R- Eso es. Hoy son dos carreras: Derecho y Administración y Dirección de Empresas, pero antes era así. Hoy alimentamos también otra dimensión, que además está teniendo mucho éxito, que es la internacional. Con Ciencias Empresariales Internacionales queremos que nuestros alumnos salgan preparados para ocupar puestos directivos donde se gestiona la economía internacional, que es Europa, EEUU, China… El otro día la Escuela de Minas de París, que publica un ranking de universidades a escala mundial, nos colocó en el puesto 27. La primera es una de Tokio, la segunda Harvard. Lo significativo es cómo se hace este ranking: cogen las 500 empresas más importantes del mundo y miran dónde han estudiado sus principales directivos.
P- Analizan los frutos.
R- Eso es. No han ido a ver nuestra biblioteca, sino algo más importante.
P- ¿Figura alguna otra universidad española en ese ranking?
R- Sí, nos adelanta la Politécnica de Madrid, que, si no recuerdo mal, está en el número 20. Y luego en el 89 está la de Barcelona y la Complutense de Madrid. Pero nosotros estamos en el puesto 27 de todo el mundo, desde esta perspectiva.
P- ¿Cuántos años lleva ya como rector?
R- Estoy a punto de empezar el octavo año.
P- ¿Es un trabajo duro?
R- Yo digo que es entretenido. Mi vocación era la investigación, la docencia. Trabajé varios años en el Consejo Superior de Investigación Científica, en el Instituto de Filología, siempre me gustó dar clases… Pero por circunstancias de la vida fui nombrado rector, y esto también me gusta. No tiene nada que ver.
P- Pero la teología no la ha dejado, sigue dando clases, acaba de publicar un libro…
R- Sí, sí, intento seguir manteniéndome al día, porque, entre otras cosas, el cargo de rector no es eterno. Y si Dios quiere volveré a dar clase con más asiduidad de lo que lo hago hoy.
P- ¿O sea que un teólogo puede ser también un gran manager (de una gran universidad en este caso)?
R- Bueno, si es este el caso, no lo sé, pero evidentemente no está en contradicción. Todos los rectores universitarios en el fondo son profesores de universidad.
P- Otro rector como usted es el actual ministro de educación, Gabilondo. Me imagino que lo ha conocido.
R- Llevábamos de rector casi el mismo tiempo. Él ha sido presidente de la Conferencia de Rectores y, además de eso, los dos somos de humanidades: él de metafísica, y yo de filología. Por tanto, los dos hemos pertenecido a la subcomisión del Consejo de Universidades en la rama de arte y humanidades. Yo era secretario y le he sustituido como presidente. Hemos trabajado bastante en el proceso de implantación del Espacio Europeo (Bolonia) en la universidad española. Hemos trabajado estrechamente.
P- ¿Suele valorar a la Universidad de Comillas?
R- Eso me dice. Él ha tenido relaciones con nuestros profesores de filosofía, con nuestra biblioteca de Cantoblanco… Es una persona muy abierta y dialogante, que sabe reconocer la calidad. Y a mí me parece que con el pacto escolar, no sólo universitario, está gestionando una buena política.
P- ¿Va a sacarlo adelante, ese pacto?
R- Bueno, hay dificultades, pero me parece que merece la pena intentarlo. Que es necesario conseguirlo. Sería bueno. Yo, en los 7 años que llevo de rector, he tenido 4 ministras y un ministro. 5 equipos distintos con políticas contrarias. El tema educativo necesita estabilidad y, por tanto, consenso. No podemos seguir dando bandazos cada vez que hay un cambio de gobierno, incluso dentro del mismo color. Esto necesita seriedad y eficacia. El ministro Ángel Gabilondo está demostrando, por sus actos, que también tiene esta opinión.
Luego hay otras cosas que él ha dicho, como la importancia del esfuerzo, que (lo decía cuando era presidente de los rectores y lo sigue diciendo ahora que es ministro) es ineludible. Cuando yo empecé a estudiar alemán, mi método se titulaba El alemán sin esfuerzo. Pero era mentira. Ningún proceso de aprendizaje puede ser sin esfuerzo.
P- ¿Están ustedes preparados para Bolonia?
R- Lo estamos haciendo. Este año hemos implantado 9 titulaciones de grado de Bolonia, que con las 3 del año pasado ya son 12. Ya tenemos toda la universidad con grados, excepto el ICAI, que por retrasos del Ministerio en sus publicaciones, etc, lo estamos ahora preparando para el año próximo. Y en los postgrados tenemos ya 16 másters de acuerdo con Bolonia. Para el año que viene tenemos 4 más en proceso. Porque, entre otras cosas, uno de los acuerdos de Bolonia es que todo estará implantado en el curso 2010.
P- ¿A su juicio es positivo, Bolonia (a pesar de las críticas, las manifestaciones del sector estudiantil…)?
R- A mi juicio, sí, sin duda. En todos sus extremos. Lo que pasa es que el acuerdo de Bolonia no es una ley, no es una normativa europea, no es un reglamento. Es un acuerdo en principios, que cada país tiene que desarrollar, y que cada universidad tiene que poner en práctica. El acuerdo es sin duda positivo. Lo contrario, sería hacer una universidad de tercera categoría, no abierta al exterior, no internacionalizada, etc. Ahora, Bolonia es, sobre todo, un reto. Está por ver cómo se harán las cosas. Algunas universidades darán una respuesta creativa, original, innovadora y eficaz, y otras se quedarán en la estacada. Hasta hace poco en España el joven, al acabar el bachillerato, iba a la universidad. A la que estaba más cerca de casa, en el fondo daba igual. Y ahora no va a ser lo mismo.
P- Porque, después, el título tampoco es lo mismo.
R- Claro. Antes teníamos en España un catálogo de títulos igual para todas las universidades. El plan de estudios estaba dictado por el Ministerio… Ahora cada universidad va a hacer sus títulos, sus planes de estudio, sus realizaciones concretas.
P- ¿Saben el porcentaje de alumnos que salen colocados de Comillas?
R- A los 6 meses de acabar la carrera están trabajando todos los que quieren. Y los que no quieren es porque quieren estudiar más. Un 11% de alumnos se queda haciendo un máster, el doctorado, estudios complementarios…
P- ¿O sea que es casi un seguro de empleo?
R- Sí, ciertamente. Siempre hacemos una encuesta a nuestros estudiantes a los 3 años de haber acabado, sobre sus dificultades, su salario, el trabajo que tienen y sobre las enseñanzas que recibieron de nosotros.
P- ¿Ese porcentaje se mantiene en todas las carreras?
R- Sí. El 70% está trabajando a los 2 meses de salir.
P- ¿O sea que habrá muchas familias que se lo proponen como una especie de inversión?
R- Probablemente. Y no sólo pasa en el ICAI o en el ICADE. Nuestras enfermeras acaban el curso en junio y están trabajando el 1 de julio.
P- Qué barbaridad. ¿Hacia dónde va? Mayor excelencia parece que no cabe.
R- Bueno, esto no está conseguido para siempre. En una universidad cada año es nuevo, cada año hay que volver a enseñar a nuevos alumnos con distinta sensibilidad… Una de las ventajas que tiene la universidad es que los profesores que ya nos vamos haciendo mayores estamos todos los años en contacto con la juventud, con la novedad. Eso nos mantiene jóvenes, porque todo se pega. Siempre tratamos de mejorar lo mejorable, y volver a hacerlo todo nuevo. Es como mantener una especie de fuego sagrado. No vale con decir que ya está encendido, hay que seguir alimentándolo.
P- La Compañía, me imagino que está totalmente comprometida con ese fuego, que es una de sus señas de identidad.
R- Evidentemente. La Compañía de Jesús es la institución privada que tiene más centros universitarios en todo el mundo. La Compañía se fundó en 1540 y su primera universidad en 1547.
P- Están celebrando ahora el V Centenario.
R- Sí, de San Francisco de Borja. La educación ha estado vinculada a la Compañía desde sus orígenes. Todo el tema pedagógico de Bolonia afecta, en el fondo, al modo de enseñar que la Compañía ha tenido desde siempre. San Ignacio fue a estudiar a París por dos motivos: Primero, porque estaba insatisfecho con la enseñanza de Alcalá y de Salamanca; y segundo, porque aquí fue perseguido por la Inquisición. Y una vez que él estudió allí, implantó en las universidades de la Compañía el modus parisiensis, que se caracterizaba por la actividad del estudiante. Por los ejercicios prácticos. Que es justamente lo que persigue Bolonia: pasar de una docencia centrada en la actividad del profesor, a una docencia basada en la actividad del estudiante. Es decir, que nada hay nuevo bajo el sol, pero todo tiene que ir rehaciéndose.
P- Siempre hay quien se adelanta.
R- No se trata de que el profesor diga: «yo enseño muy bien, pero mis alumnos aprenden mal», sino que la actividad del profesor debe ser juzgada por el resultado que tiene en los alumnos. Y ésta (con sus fallos y altibajos) ha sido la actitud pedagógica de la Compañía desde sus inicios.
P- ¿Cómo está la Facultad de Teología, la Gregoriana, donde yo mismo he estudiado, como otros muchos, grandes teólogos españoles?
R- Yo creo que sigue siendo uno de los principales centros de teología, sin duda.
P- Cuna de papas, incluso.
R- Sí, es uno de los centros teológicos más grandes del mundo, también en cuanto a número de alumnos: unos mil en este momento. La Gregoriana también es un centro internacional, para alumnos de todas partes. Pero es verdad que ha habido unos años en que se han ido fundando facultades de teología en muy diversas partes del mundo, facultades nuevas que están teniendo su vida pujante.
P- También en Roma.
R- Sí, allí han surgido muchas facultades eclesiásticas. Pero el hecho de que haya más centros de estudios en la Iglesia es algo bueno de lo que debemos felicitarnos todos. Hay más competencia y más competitividad.
P- ¿En España también se cumple esa tendencia?
R- Aquí hay bastantes centros teológicos, pero muy pocos alumnos en la mayor parte de las facultades. Comillas es la segunda en número de estudiantes, y la primera en graduados.
P- ¿Siguen viniendo de Latinoamérica?
R- Sí, y ya hace unos años nos hemos abierto también a África. Estamos formando en Comillas profesores de seminario de unas cuantas diócesis latinoamericanas y africanas. De América Latina tenemos bastantes estudiantes, algunos jesuitas.
P- ¿Juega en contra de los estudios de teología el que no tengan rango, que no estén aprobados como una carrera civil?
R- Bueno, desde 1995 sí que tienen efectos civiles, aunque no sean carreras civiles.
P- ¿O sea que alguien que estudie teología puede trabajar, por ejemplo, dando clases de religión?
R- Sí, por supuesto. Las licenciaturas en teología están reconocidas por el Estado español, de tal manera que los estudiantes pueden acceder a algunos puestos de trabajo. Incluso pueden presentarse a las oposiciones para profesor de instituto o de colegio.
P- Sin embargo, no tiene mucha demanda.
R- No, no hay muchos alumnos. Los estudios de teología están muy vinculados a los servicios eclesiales, al ministerio sacerdotal fundamentalmente. Y en este momento hay pocas vocaciones. Nosotros tenemos unos 300 estudiantes, de los cuales un tercio son extranjeros.
P- Es un número considerable.
R- Sí.
P- ¿Hay algún acto significativo que vayan a desarrollar este año?
R- El 19 de abril vamos a inaugurar un congreso internacional sobre sacerdocio en nuestra Facultad de Teología.
P- ¿Al hilo del año sacerdotal?
R- Claro. Vamos a reflexionar sobre el sacerdocio. Vendrá el padre general de la Compañía de Jesús. La primera conferencia la dará el cardenal vanuá, que es jesuita y que tiene un estudio importante sobre la Carta a los Hebreos, donde se habla del sacerdocio de Cristo; y lo clausurará el presidente del Dicasterio del Clero. Durará una semana.
P- Don José Ramón, muchísimas gracias por estar con nosotros, y mucha suerte con su prestigiosa universidad.
R- Muchas gracias por todo.
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