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Pues sí, «a pesar de terremotos y de hambrunas, matanzas y tsunamis», continuaré arrodillándome ante Dios, que es como decir, continuaré acercándome a la noche de su historia con el hombre. A tientas me acerco a la noche del mal, pues aún reconociendo en todas partes su presencia, yo no sabría identificarlo, definirlo, circunscribirlo. La experiencia me dice que muchas veces he llamado mal al bien y considerado un bien el mal.
A tientas me acerco al misterio que representa el sentido de la historia -la del mundo y la del hombre-, el sentido de la evolución, el sentido de la libertad y del amor, el sentido de la vida y de la muerte. Me pregunto si la libertad y el amor pueden ser una clave de sentido para el mundo.
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