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"Si la Iglesia tapa a sus pederastas deja de ser Iglesia"

Curas pederastas e Iglesia

"Durante años, los responsables de la Iglesia mantuvieron (¿mantuvimos?) silencio"

Xabier Pikaza 22 Mar 2010 - 10:10 CET
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(Xabier Pikaza).-Es hoy noticia: algunos clérigos están siendo acusados de violación sexual de menores a los que ellos debían haber cuidado y educado cristianamente. Es noticia nueva, pero tema antiguo; noticia manipulada, pero cierta; no afecta al núcleo eclesial, pero que exige cambios; es terrible, pero en el fondo buena.

Es hoy portada, pero se conocía bien en los medios eclesiales y así puedo certificarlo. Pasé mi adolescencia-juventud en un seminario y sé lo que había; el ambiente era bueno y los formadores de mucha honestidad, pero el contexto de reclusión sexual masiva era morboso, con «iniciaciones» poco naturales, que podían lindar en lo enfermizo, aunque entonces (¡hace cincuenta años!) parecían naturales.

He sido treinta años (del setenta al dos mil tres), formador y profesor de seminaristas y conozco los problemas vinculados a la maduración de adolescentes y jóvenes. Había casos de pederastia, pero no los acusábamos abiertamente, por respeto y miedo sacral, pensando que la ropa sucia se limpia en casa.

Pro sólo más tarde (leyendo a D. COZZENS, The Changing Face of the Priesthood, Collegeville 2000) descubrí toda la importancia jurídica y social del tema, viendo que era necesario un cambio fuerte, mucha transparencia. Entonces (al menos en USA) se sabía y se decía todo lo que hoy sale en la prensa, pero los responsables de la Iglesia mantuvieron (¿mantuvimos?) silencio. Poco después abandoné la institución clerical.

Algunas acusaciones actuales (violación en seminarios, pederastia clerical…) son quizá sesgadas, dando la impresión de que todos los clérigos han sido y son «violadores» de niños. Pero desgraciadamente muchas son ciertas, no sólo en USA, Irlanda y Alemania, sino en otros países donde la Iglesia ha sido autoridad social y moral sobre las conciencias.

Cierta prensa oficial (Alfa y Omega, 18-III-2010, pag. 9) dice que de las 200.000 mil denuncias de abuso a menores (del 1995 hasta hoy), en Alemania, sólo 94 son contra eclesiásticos; en Austria habría 510 denuncias y sólo 17 eclesiásticos. Algo semejante podría decirse de España, donde yo mismo conozco más casos de pederastia fuera de la Iglesia (en un contexto familiar…) que dentro de ella.

El gran problema no son los curas pederastas, sino las redes internacionales de turismo sexual y trata de menores, con cientos de miles de casos, y miles de muertes, que tienden a silenciarse. Por eso, las noticias de curas pederastas pueden estar hinchadas. Pero son importantes, por el carácter sagrado de los curas y por la autoridad moral de la Iglesia, de forma que los 94 casos de eclesiásticos alemanes son quizá más significativos que los 200.000 restantes (si el dato fuera fiable). Por eso resulta obsceno afirmar que esas acusaciones contra la iglesia son mentira, una forma de olvidarse de Dios, como acaba de decir ante la prensa el Card. Cañizares (18-III-10).

La Iglesia no pierde su evangelio por esos curas pederastas. Pero el hecho de que existan (y que surjan del sistema) exige un cambio radical. La pederastia no nace del celibato, pues una mayoría de pederastas no son célibes, y una mayoría de célibes no son pederastas. Pero el celibato actual (vinculado al «poder» y a un trato especial con adolescentes) puede conducir a la pedofilia. No todo se arregla aboliendo el celibato, pero su imposición actual es peligrosa.

La pederastia no deriva de la homosexualidad del clero (datos en D. Cozzens) y la mayoría de curas homosexuales son ejemplares (la «caza» que el Vaticano quiere imponer en los seminarios es poco honesta). Pero no es realista confiarles la formación de adolescentes (ni sería realista confiar a heterosexuales la formación íntima en internados de muchachas).

Antes, esas cosas se callaban, por diversas presiones; hoy se dicen, y eso es bueno. Pero la Iglesia ha querido seguir tapándolas por corporativismo sacral y miedo a perder cierto poder. Por eso son necesarios unos cambios.

La existencia de curas violadores es una noticia horrible. Pero saber que los hay y decirlo es una noticia muy buena para la Iglesia. Sería mejor que no los hubiera, pero los hay y eso exige que las cosas cambien.

Trasparencia. No deben airearse casos y temas, pues justicia y verdad exigen prudencia, pero si la Iglesia tapa a sus pederastas deja de ser Iglesia y renuncia de su fundador.

Otras estructuras. Su organigrama actual impide que la Iglesia supere este problema. No es que el Papa sea encubridor y responsable (cf. H. Küng: http://www.periodistadigital.com/religion/, 18-03-10), sino algo más profundo: ¡Este tipo de papado y de estructura clerical es incapaz de resolver el problema!

– Hoy puede y debe cambiarse ya la forma de los ministerios, y ésta es una buena noticia para los que creemos en el evangelio y somos Iglesia. No se trata de negar a obispos (y papa), sino de «devolver» la Iglesia a todos los cristianos. Porque el tema no es sólo apartar a los pederastas de ella (¡que no hagan daño!), sino crear comunidades donde los niños puedan crecer en libertad y amor. Y aquí es importante una voz de evangelio.

(Publicado en Público)

 

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