(F. Carmona, en La Ciudad de Dios). El título solo –El fuego de la montaña– no diría mucho sin el subtítulo (Siete conversos para nuestro tiempo), que le da plena sentido, ya que así se ve cómo el fuego en la montaña, que vio Moisés, le llevó a un giro total de su vida. Fue el encuentro con Dios manifestado en las llamas lo que hizo conocer a Dios y escuchar su mensaje y fue el encuentro con Dios de cada uno de los siete convertidos, cuyas vidas ejemplares describe el autor de este libro. Si el signo de éstos no fue el fuego, fue otro signo de su presencia.
Eduardo de la Hera, que es Dr. en Teología y profesor en el Seminario de su diócesis, Palencia, nos dice en su amplia introducción los motivos que le llevaron a elegir estos siete conversos en vez de otros. Así sale al paso de una primera pregunta que se harían muchos. Tenía ante sí más de una cincuentena, pero tenía elegir y lo hizo por devoción suya y eligió estos, que encontró muy representativos.
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