(Juan José Aguirre).- Hay un autor sudafricano, Albert Nolan, en su libro «Cristo antes del cristianismo» que habla de la multiplicación de los panes y los peces (imagen de la eucaristía) como una multiplicación de la generosidad de todos los presentes que aportaron lo que buenamente tenían y eso bastó para alimentar a la multitud (5.000 o 3.000 según las versiones de los evangelios). Puede ser que Jesús metiera la mano en la cesta y repartiera y que la cesta nunca se vaciara. Pero la interpretación de Nolan también me seduce, porque yo viví algo parecido en África, en una misión llamada Zemio, en donde por 3 meses la multiplicación de los panes y de los peces se convirtió en una verdadera multiplicación de la fraternidad de la comunidad cristiana. Seguro que alguna vez ustedes han vivido algo parecido.
Sucedió que 2.000 soldados congoleños perdieron una batalla contra soldados católicos del norte de Uganda y vinieron a refugiarse en Centroáfrica. Venían soldados, niños soldados, mujeres que habían tenido contacto con los soldados y que eran expulsadas de los pueblos, algunas enfermas o embarazadas, muchas desesperadas…
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