(Ángel Aznarez, notario).- En la Homilía de la Misa de clausura (domingo 24de octubre) del Sínodo de los Obispos para Oriente Medio (domingo, 24 de octubre), el Papa, con claridad, predicó: «En numerosos Países de Oriente Medio, la libertad de culto existe, mientras que el espacio de la libertad religiosa está frecuentemente limitado». En la Propuesta número 42 del Sínodo, se lee lo siguiente:»Es importante de promover (en Oriente Medio) la noción de ciudadanía, la dignidad de la persona humana, la igualdad de derechos y deberes y la libertad religiosa, comprendiendo la libertad de culto y la de conciencia».
De ambos textos resulta patente la distinción entre una libertad mínima, la libertad de culto, que consiste en la posibilidad de tener y mantener lugares para los ritos y celebraciones religiosas, y una libertad religiosa propiamente dicha, que es la posibilidad de hacer ostensible una fe e intervenir y participar en la respectiva sociedad civil y política en igualdad y con independencia del credo religioso o sin él.
En el llamado «Mensaje» final del Sínodo se escribe sobre «la vocación de vivir juntos cristianos y musulmanes», de la «responsabilidad común en la construcción de nuestras patrias». El Cardenal Jean Louis Tauran, Presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo interreligioso, manifestó hace unos días en Radio Vaticano que sólo dos países en el mundo niegan la libertad de cultos: Corea del Norte y Arabia Saudí.
LIBERTAD DE CULTO: PROHIBIDA SÓLO EN COREA DEL NORTE Y EN ARABIA SAUDI
La explicación en el caso de Corea del Norte está en su ideología comunista y atea, y la explicación en caso de Arabia Saudí está en que ella se sitúan los lugares santos (para el Islam) de Meca y Medina. Por extensión, es «santo» todo el Reino de los Saud. Esa santidad resulta que es incompatible con la existencia de templos de otras religiones en ese suelo opulento por mucho combustible, de petróleo y de gas, los cuales fueron denominados, con mucha malicia, los «excrementos del diablo».
No se permiten iglesias, pero si otras construcciones o artefactos por parte de los que incluso llaman «infieles». Desde bastantes siglos antes de nuestra era, los de la Península arábiga siempre tuvieron, con razón, pánico a sus vecinos persas, muy déspotas. Si seguimos el ejemplo del inteligente Cardenal Tauran, que tiene la astucia de los nacidos en los bosques húmedos de Las Landas francesas, habremos de dejar las cosas estar, y nada añadamos por «prudencia» de geoestrategia.
Confío que el rey de Arabia Saudí, Abdallah bin Abdulaziz Al Saud, que gusta promover encuentros y conferencias para el diálogo entre el Islam, el judaísmo y el cristianismo (como los que tuvieron lugar en Madrid, del 16 al 18 de julio de 2008), autorice de una vez esa cosa tan mínima, que es la construcción de templo cristiano o de sinagoga judía, al igual que nosotros le dejamos en nuestra Al Andalus, construir mezquitas, suelo que es para nosotros tan santo como es para él el suyo.
RELIGION Y POLITICA INSEPARABLES
El problema de las limitaciones al derecho de libertad religiosa en estados musulmanes, la inseparabilidad en el Islam entre Religión y Política, no es de legalidad positiva, susceptible de ser cambiada como se cambian las leyes humanas. Es mucho mas profundo, pues está en «la palabra misma e inmutable de Dios» o Corán, en el que nada hay parecido al mandato evangélico de: «Dad al Cesar lo que es del Cesar y dad a Dios lo que es de Dios» (al análisis del cristianismo como «salida» de la religión, me remito a Marcel Gauchet, en concreto, a sus libros La condition politique» (Gallimard 2005) y La condition historique (Stock 2003).
El gran rabino de Francia, Gilles Bernheim, en referencia al mundo musulmán, escribió:» En el Islam no hay nada de eso del Cesar y Dios. Todo es al mismo tiempo de Dios y de los hombres. El personaje principal de la vida musulmana no es el sacerdote, sino el juez, el qâdî: el pacificador escuchando las peticiones y quejas, sancionando a los trasgresores de las leyes de la ciudad».
La inseparabilidad entre Religión y Política la saben manipular muy bien los autócratas de naciones árabes para mantenerse sin límites en el poder. El laicismo y la modernización de Turquía por Kemal Atatürk fue una excepción, hoy en fase agónica.
Ciertas elucubraciones sobre el llamado Derecho divino pueden resultar, además de muy imaginativas, dramáticas si ese derecho se opone a derechos humanos básicos, como es el de la libertad religiosa. No debemos generalizar, pues, como ha escrito el especialista Olivier Roy, hay hasta treinta y seis maneras de practicar el Islam; hay diferentes corrientes musulmanas, siendo la de los moderados la mayoritaria y la de los extremistas y violentos la minoritaria.
El radicalismo musulmán contemporáneo nace con fecha cierta a principio de los años ochenta del siglo XX, con la llegada al poder en Irán del clérigo revolucionario Jomeiny, para lo cual tuvo la colaboración del desastroso Presidente norteamericano, apellidado Carter.
SITUACION INTOLERABLE EN ORIENTE MEDIO
No creo tener prejuicio alguno hacia el mundo musulmán; al contrario, admiro su aportación a la cultura europea -se ha de recordar que el conocimiento de la filosofía griega (que tanto gusta a Benedicto XVI) fue gracias a traducciones árabe-musulmanas. Por otra parte, no puedo descartar que, cómo español, corran por mis venas sangre morisca.
No obstante todo lo anterior, hay que clamar, gritar y decir a voces lo inaceptable e intolerable. Que es intolerable que los cristianos muertos en Arabia no puedan ser enterrados según su fe ni puedan acudir a un templo en vida. Que es intolerable que, a los musulmanes que se conviertan al cristianismo, se les sancione con la muerte, siendo como son, el islamismo y el cristianismo, dos religiones que «obligan» al proselitismo – el judaísmo pasa de eso con desdén-.
Hay que clamar, gritar y decir a voces que es intolerable que los cristianos en Tierra Santa, más antiguos en ese territorio que los árabes, que llegaron conquistadores en el siglo VII de nuestra misma era, paguen las culpas por acciones de políticos occidentales y cristianos, unos locos, otros tontos, y algunos muy sinvergüenzas, preocupados por el petróleo y las armas.
¿Tendrán la culpa de ello los miles trabajadores cristianos, muy pobres, que emigran a Arabia llegados de Filipinas o de Sri Lanka? Es inaceptable que se asesine a clérigos (sacerdotes y obispos) en Turquía y en Irak, diciendo después de ellos cosas infamantes en justificación criminal.
Es inaceptable obligar a que los cristianos árabes a que dejen sus tierras y tengan que emigrar forzados por extremistas con amenazas de matanzas y matanzas, como las de hace unas horas en una iglesia católica de Bagdad, «de tantas personas inermes» como dijo el Papa en el Angelus de ayer lunes. En realidad, son mártires.
TEORIA Y PRÁCTICA DE LA LIBERTAD RELIGIOSA
El Sínodo de los obispos para el Oriente Medio no trató de lo denominado «laicidad positiva, no resultando extraño sino normal. Eso de la «laicidad positiva» fue una ocurrencia de Henri Guaino, think tank o consejero especial del Presidente Sarkozy, sacada como de la chistera con ocasión de la presencia de Benedicto XVI en el Palacio del Eliseo en Paris (septiembre 2008).
Por el contrario si se habló del «Estado cívico» o Estado de todos, unos cristianos y otros musulmanes, llegando a implorar los Padres Sinodales a los musulmanes que acepten la incorporación de los cristianos árabes en los proyectos políticos y sociales, en ruptura casi imposible del conservadurismo religioso musulmán. Y así llegamos a un punto en el que se debe declarar que la teoría actual de la Iglesia Católica sobre la Libertad Religiosa es muy correcta, justa y ajustada. Pero…
Con el fin de evitar desmesuras y autocomplacencias, habrá que recordar algún hecho. El principal: desde que el Emperador romano Teodosio (siglo IV) declaró el Cristianismo religión oficial del Imperio hasta mediados de los años sesenta del siglo XX (Concilio Vaticano II) la Iglesia Católica negó la libertad religiosa, entre otras razones, por aquello de que era la única religión verdadera.
Muchos españoles recordarán lo que hace cincuenta o cuarenta años se les enseñaba en institutos y colegios privados. A veces se produce la sensación que, allí donde la Iglesia es minoritaria, reclama con fuerza, lo cual está muy bien, la libertad religiosa, pero que allí donde es mayoritaria no la apoya tanto. Es interesante comprobar la negativa actual de los obispos españoles a la modificación y ampliación de la ley de Libertad Religiosa, vieja por ser de muchos años y por un veloz dinamismo social.
Es comprensible la preocupación de los católicos y de la jerarquía católica por el problema de la des-cristianización en el proceso de la transmisión cultural entre las generaciones, pero nada se conseguirá con presiones en el Boletín Oficial del Estado o con ensoñaciones de nacional-catolicismo.
Los cristianos de Oriente Medio pueden, a estos efectos, ser ejemplares, con sus esfuerzos para demostrar que son esenciales en las sociedades difíciles en las que viven, por su ejemplaridad, por su pericia en el trabajo y por su preparación, con el apoyo valiente de sus obispos, obispos no fantoches ni obsesionados por la carrera eclesiástica.
De circos y folklores los mínimos, pues agravan los problemas y hacen más visibles las contradicciones, anunciándolas a gritos. El problema lo tienen especialmente aquéllos, que, ocupando todavía posiciones relevantes, sus modos, educación y mentalidad son de otro tiempo ya viejo, que, ahora, nada valen. Y si algunas «cosas» de la Iglesia son innegociables, algunas «cosas» del Estado pueden ser igualmente innegociables. En esto tan sublime, se da eso tan rústico del «donde las dan, las toman».
No podríamos terminar sin hacer una referencia brevísima al dicho evangélico del «Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios…», que el Papa recuerda con frecuencia. La cuestión teórica de la dualidad de Dios y del Cesar, luego Altar y Trono, no plantea problemas; éstos surgen en la práctica.
Primero: porque no se sabe bien quién y cómo se deslinda lo que es de uno y del otro, pudiendo darse abusos por confusión, tal como la Historia demuestra.
Segundo: si el Papa es vicario de Dios y Cesar, pues es el Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano, con facultades para firmar Tratados (Italia) o Acuerdos (España), de la dualidad pretendida pasamos a un monismo, que puede contradecir la autonomía del poder político, la libertad religiosa y hasta el mandato evangélico (me remito para un análisis un poco más in extenso a mis artículos en La Nueva España (Asturias). Algunas problemas fundamentales que se predican para el complejo y especial Oriente Medio, también se deberían predicar y realizar en otros territorios.
En el tercer y último artículo sobre el Sínodo para el Oriente Medio, a publicar, si Dios quiere, después del viaje del Papa a España, analizaremos la opinión de los Padres Sinodales sobre el conflicto palestino-israelí y otras cuestiones relacionadas con el judaísmo.
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