El Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo (Salamanca) ha entregado hoy su Medalla al obispo Atilano Rodríguez, que estuvo al frente de esta diócesis desde abril de 2003 hasta febrero de 2011, cuando fue nombrado prelado de Sigüeza-Guadalajara. El acto de entrega de la medalla se ha celebrado en el Teatro Nuevo Fernando Arrabal, que estuvo abarrotado por el público que quiso participar en el acto oficial de reconocimiento.
Atilano Rodríguez, fiel a su carácter, se ha mostrado «avergonzado» por la distinción y ha dicho públicamente: «Durante estos ocho años como obispo de la diócesis civitatense, no hice nada extraordinario para ser merecedor de esta condecoración».
«Cuando en el futuro contemple esta medalla, pensaré en cada uno de los mirobrigenses, pues para mí todos están representados en ella», ha manifestado emocionado el obispo saliente.
También ha tenido palabras de agradecimiento para los sacerdotes y religiosas que le han acompañado estos años en Ciudad Rodrigo.
Atilano Rodríguez, nacido en San Julián de Arbas ( Cangas de Narcea, Asturias) en 1946, estudió en el Seminario de Oviedo y se ordenó en 1970.
Tras ser obispo auxiliar de Oviedo entre 1996 y 2003, el 6 de abril de ese año tomó posesión como obispo de Ciudad Rodrigo, que es la diócesis más pequeña de España.
Atilano Rodríguez sustituye en el obispado de Guadalajara a José Sánchez González, natural de Fuenteguinaldo (localidad salmantina perteneciente a la diócesis de Ciudad Rodrigo), que ha estado al frente de la diócesis de Sigüenza desde 1991 y que deja su cargo por jubilación, ya que en octubre de 2010 cumplió 75 años.
Rodríguez tomará posesión de la diócesis alcarreña el próximo 2 de abril, mientras que el nuevo obispo de Ciudad Rodrigo, el arandino Raúl Berzosa, tomará posesión el 9 de abril. (RD/Efe)
Discurso de Atilano Rodríguez
Como no podía ser de otra forma, comienzo mi intervención expresando mi gratitud más sincera al Señor Alcalde, Don Francisco Javier Iglesias, y a los restantes miembros de la Corporación Municipal del Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo por la generosidad que han tenido al concederme la medalla de la Ciudad. La recepción de esta condecoración es para mí un gran honor y un motivo de profunda alegría.
Desde niño he sido educado por mis padres, como todos vosotros, en el espíritu de servicio y en la preocupación por las personas necesitadas, teniendo siempre muy presente que nadie en este mundo es más que otro, aunque tenga títulos nobiliarios o posea condecoraciones académicas. El nacimiento y la muerte se encargan de igualarnos a todos, aunque algunos pretendan vivir con planteamientos distintos durante los pocos días de nuestra peregrinación por este mundo.
Mi posterior formación en el Seminario de Oviedo y mis años de servicio pastoral, primero como sacerdote y después como obispo, me han ayudado a reafirmarme en estos criterios. Con el paso del tiempo, a pesar de mis muchos errores y equivocaciones, he procurado ser fiel a aquella enseñanza que Jesús nos ha dejado en el Evangelio, cuando les recuerda a los discípulos que Él no vino a este mundo a ser servido, sino a servir y a entregar su vida por la salvación de todos. Por tanto, el que quiera seguirle debe caminar por los mismos derroteros, puesto que el discípulo no es más que su Maestro. En este sentido debo confesar que también en esto el Señor tiene razón, pues la experiencia nos dice a todos que, cuando procuramos servir a los hermanos, sin esperar nada a cambio, siempre experimentamos en lo profundo del corazón la alegría y la paz por la obra bien hecha y por la ayuda prestada.
Partiendo de estas premisas, considero que, durante estos ocho años como obispo de la diócesis civitatense, no hice nada extraordinario para ser merecedor de esta condecoración. En el cumplimiento de la misión confiada por el Señor, solamente he intentado con mis muchas deficiencias hacer lo que debía hacer, siendo fiel a las enseñanzas recibidas y teniendo en cuenta que mi persona le pertenecía totalmente al Señor y a cada uno de los miembros de esta Iglesia de Ciudad Rodrigo. Por lo tanto, si en la realización de mi actividad pastoral, he aportado algo a los demás y al desarrollo de la vida ciudadana, nunca he pensado que por ello la sociedad me debiera algo a mí. Partiendo de estos supuestos, entenderéis que en estos momentos me sienta una persona privilegiada al recibir esta condecoración.
Por otra parte, debo deciros que me da mucha vergüenza recibir títulos y distinciones. Así se lo confesé al Señor Alcalde el día que me llamó para comunicarme que iba a presentar mi nombre a los miembros de la Corporación Municipal para la concesión de la medalla de la ciudad. Considero que son muchos los miembros de la sociedad, hombres y mujeres, que atesoran muchos más méritos que yo para recibir este tipo de distinciones. Además, siempre he pensado que, si algún mérito tengo por mis comportamientos o actuaciones durante estos años al frente de la diócesis, todo se lo debo a Dios y a vosotros. Habéis sido vosotros, los creyentes y los no creyentes, lo que me habéis ayudado a vivir y a actuar desde la cercanía y el amor, pues cada día he experimentado el testimonio de vuestra acogida, de vuestro cariño y de vuestro afecto sincero hacía mi persona. Por lo tanto, cuando en el futuro contemple esta medalla, pensaré en cada uno de los mirobrigenses, pues para mí todos están representados en ella.
Termino ya mi intervención, reiterando mi gratitud al Señor Alcalde y a todos los miembros de la Corporación Municipal. Gracias también a vosotros por vuestra presencia en este acto y por vuestra bondad para conmigo. Dentro de unos días partiré para mi nuevos destino. Aunque estemos separados por unos cuantos kilómetros, sabed que allí tendréis siempre un amigo, que seguirá atentamente la evolución de esta bendita tierra, que guardará siempre en el corazón la amabilidad y el afecto de los mirobrigenses y que será feliz si en algo puede serviros. Con mi saludo y mi oración por todos los mirobrigenses, muchas gracias.
Más en Religión
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home