(Richard Rohr en Herder).- No puedo encontrar ninguna conexión obvia ni clara entre las dos lecturas de hoy. Las dos son, independientemente, obras de arte de revelación y teología.
En Isaías tenemos la primera de las que correctamente llamamos «Canciones del Siervo», la cual continuará durante el resto de la semana. En estos cuatro relatos escondidos en Isaías, podemos ver, en un brillante análisis, una descripción profética de Jesús, o preguntarse si acaso Jesús fue «modelado» para ajustarse a estas bellas descripciones. De todas formas, la correlación es asombrosa.
En el Evangelio según San Juan tenemos a una mujer actuando como «sierva» de Jesús. (¿Será esta la conexión?). Tenemos a María de Betania nuevamente tomando el papel de discípula ferviente, en vez del papel de anfitriona que ofrece Marta. María unge los pies de Jesús con nardo fino, que es el aceite de unción para la muerte. Mi interpretación de este acto, a partir de los tres variados relatos del Evangelio, es que María está aceptando lo inevitable y lo necesario de la muerte de Jesús (¡algo que no pudieron hacer Pedro y su grupo íntimo de varones!). «Y la casa se llenó con la fragancia del perfume.»
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