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El clero ourensano pide a José Leonardo Lemos Montanet «un compromiso de permanencia», después de que el nuncio del Papa, Renzo Fratini, anunciara su nombramiento como titular de esta sede el pasado viernes. Lo cuenta X.M. del Caño en Faro de Vigo.
El delegado de patrimonio de la diócesis y archivero de la catedral, Miguel Ángel González, es el primero que rompe una lanza a favor de la estabilidad en el cargo. Adelanta que cuando cite al cabildo catedralicio tiene pensado «decirle en público» que sería para la diócesis «una decepción que se notara que viene de paso; y para él tampoco sería bueno».
El resquemor es tan generalizado, que un párroco le espetó en el santuario de Os Milagros a Luis Quinteiro Fiuza: «No merece la pena encariñarse con los obispos; para el tiempo que duran», en el transcurso del encuentro que mantuvo con el clero en Os Milagros, después de que se conociera que se haría cargo de la diócesis Tui-Vigo.
Los curas ya se han resignado a que la diócesis de Ourense permanezca de uno a dos años vacante cada lustro, al ver que los tres últimos obispos se han proyectado desde esta sede a otros destinos de mayor densidad de población y relevancia, como ocurrió con Diéguez Reboredo y Luis Quinteiro Fiuza, hacia Tui-Vigo, y Carlos Osoro, al arzobispado de Oviedo. Y reparan en que Lemos Montanet tiene 58 años, «con suficiente margen por delante» para poder asumir nuevos retos.
El problema de tanto cambio, advierten algunos sacerdotes, es que «no pueden desarrollar a fondo una acción pastoral. Cuando el obispo empieza a conocer la diócesis, lo cambian de destino y las decisiones relevantes quedan congeladas».
De todas formas, no se consuela quien no quiere. Miguel Ángel González reconoce que hay diócesis que «todavía están peor». Palencia y Busgo de Osma «han cambiado cuatro veces, en el tiempo que nosotros tuvimos tres obispos». «Eso no es bueno», dice.
Miguel Ángel González había calificado el día 16 de febrero de 2010 como «un grave error», atribuible a la «mala política de los dos últimos nuncios», que se procediera al nombramiento de Luis Quinteiro Fiuza como obispo de Tui-Vigo sin designar a su sustituto. Se mostraba partidario de los nombramientos simultáneos, como se hace en Italia, para «evitar incertidumbres, chismes y discusiones» sobre el posible sustituto.
El Colegio de Arciprestes urgía el día 1 de febrero de 2011 al nuncio del Papa el nombramiento de nuevo obispo, al considerar que no se debía prolongar más tiempo la situación de sede vacante, «por ser perjudicial para el buen funcionamiento de la vida pastoral de la diócesis». La Nunciatura anunció que el nombramiento sería «inminente«, al tratarse de uno de los últimos que quedaban pendientes en España, aunque advirtiendo que la decisión final «le corresponde al Santo Padre».
En el escrito remitido por los arciprestes €firmado por todos€, pedían al nuncio de su Santidad en España que «abrevie, en la medida de lo posible, el tiempo de espera para provistar la diócesis de Ourense, en la actualidad sede vacante, tras el nombramiento de Quinteiro Fiuza como obispo de Tui-Vigo hace ahora un año».
La vacante más larga que tuvo la diócesis de Ourense fue la que se produjo cuando Juan Manuel Bedoya €nunca fue obispo, porque no lo miraba con buenos ojos la Santa Sede€ permaneció como vicario capitular, desde 1840 a 1848. José de la Cuesta dejó otra vacante, desde 1871 a 1876, en la que ejercieron como vicarios capitulares Ramón Rodríguez Estévez y Manuel Nóvoa y Sánchez, que lo sustituyó en 1872 por fallecimiento. Tras la muerte de Cerviño, estuvo de vicario capitular Diego Bugallo Pita, desde 1941 a 1945.
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