(Faustino Vilabrille).- El problema de una democracia plena está aún muy lejos de ser plenamente resuelto en la sociedad civil, aunque los grandes principios democráticos estén reconocidos y recogidos en las leyes y constituciones. Pero en la Iglesia ni siquiera son reconocidos ni mucho menos practicados. La Iglesia oficial sigue sin ser democrática, y ni siquiera piensa que debería serlo.
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