(José Manuel Vidal).- Siguen siendo el «ejército de Dios», la avanzadilla de la Iglesia. Miles de hombres y mujeres que entregan sus vidas por el Reino. Y lo hacen de una forma total, sin reservarase nada para sí mismos. Entregándolo todo con sus tres votos de pobreza, castidad y obediencia. Un ejército multicolor, por sus variados carismas y servicios. Por eso, mejor que un ejército, que suena a militarismo, habría que llamarles el «arcoiris de Dios». Bello, resplandeciente, siempre en medio de las oscuridades, de los infiernos y de las miserias del mundo. Siempre a pie de obra. La mejor encarnación de la Iglesia samaritana. Son lo mejor de la Iglesia o una de sus partes más bellas. Hoy, que es su fiesta, es justo y necesario reconocérselo y dar gracias a Dios por ellas y por ellos.
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