(José Manuel Vidal).- Lleva toda una vida dedicada a los más pobres. La obra del Padre Ángel, Mensajeros de la Paz, tiene la categoría del legado de otros grandes santos eclesiales, como Vicente Ferrer o Madre Teresa de Calcuta. La sociedad le mima y la Iglesia le quiere, como uno de los máximos exponentes de la capacidad samaritana de la institución, junto a Cáritas o Manos Unidas. Y, sin embargo, algunos obipos lo siguen mirando de reojo. Primero, porque es un cura libre, que no se casa con nadie. O sólo se casa con la defensa de los niños, de los pobres y de los ancianos. Y segundo, porque no se calla, porque dice siempre lo que piensa, aunque, a veces, tenga que pedir perdón y reconocer que se ha equivocado. Un santo pecador y, por lo tanto, humano.
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