(Guillermo Gazanini).- La opinión pública, de manera general, ha querido ser arrojada a la trampa de la política y de los que saben hacerla: desvirtuar, desorientar, desinformar. La visita del Papa Benedicto XVI sería una oportunidad sin igual de la cual pretenden colgarse candidatos, presidenciales o no, para empujar sus campañas grises y empañadas; tener el placet del Pontífice y «bendecir» el bombardeo político a iniciar pocos días después de que el Papa haya dejado nuestro país.
Es una tentación agradable, prenderse de la sotana papal quienes aspiran a servir al pueblo, los principales contendientes a la presidencia, los 500 legisladores a la Cámara Baja, los 128 a ocupar un escaño, los aspirantes a gobernadores, presidentes municipales, delegados o legisladores locales, es imposible dejar la arena política, cuando el país está batiéndose por el poder.
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