(Guillermo Gazanini).- Una larga espera llega a su fin. La última vez que un Pontífice Romano estuvo en México fue en julio de 2002, cuando Juan Pablo II canonizó al indio Juan Diego y beatificó a los mártires cajonos de Oaxaca. Las palabras del «Papa mexicano», con voz temblorosa y fuerte, levantaron el ánimo de todos los mexicanos que lo vitorearon al unísono: «Al disponerme a dejar esta tierra bendita me sale de muy dentro lo que dice la canción popular en lengua española: «Me voy, pero no me voy. Me voy, pero no me ausento, pues, aunque me voy, de corazón me quedo». ¡México, México, México lindo, que Dios te bendiga!«.
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