(José Ignacio González Faus).- Lo primero que conviene destacar es que a Jesús no le matan los malos sino los (oficialmente) buenos. No le condenaron los publicanos, ni las prostitutas, ni los samaritanos, ni los leprosos impuros… sino los sumos sacerdotes y el sanedrín, con ayuda del gobernador civil.
Traducido a hoy: no le matan los ateos, ni los comunistas ni los islamistas, sino la misma institución eclesiástica con la complicidad del imperio.
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