(Carmen Bellver).- Resulta curioso que en una sociedad democrática, con libertad de culto, cuya Constitución expresa que el Estado tiene el deber de permitir las manifestaciones públicas de la fe, a monseñor Reig Pla lo vapuleen los lobbies mediáticos acusado de homófobo por una homilía sobre el pecado. Los ladrones, avariciosos, adúlteros y demás adláteres de la sociedad corrompida, por eso que monseñor denomina sin tapujos «pecado», podrían empapelar al prelado acusándolo qué se yo. Tal vez de inmiscuirse en su libertad. O posiblemente de incitar al odio contra una parte de la sociedad. Están en el mismo derecho que los homosexuales a protestar. Y ya puestos, podrían demandar a toda la Iglesia con el Papa a la cabeza, por atreverse a llamar a la confesión a tan osados personajes. Estamos entrando en un estado de delirio social donde es posible el linchamiento mediático sin el mínimo rigor.
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