(Martín Gelabert).- Ya que estamos en un mes tradicionalmente dedicado a honrar a la Virgen María, puede resultar oportuno ofrecer una reflexión significativa para los creyentes de hoy, que vaya más allá de las exclamaciones y efusiones habituales, o de alabanzas superficiales. Ya el Concilio Vaticano II se refirió a María como «peregrina de la fe», o sea, como aquella que encuentra su mejor sitio en el seguimiento de Cristo.
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