(Guillermo Gazanini).- Cuando se trata de elecciones, todo vale. No importa con quién hay que negociar y los principios a involucrar, sea con Dios o con el diablo, París bien vale una misa, o lo que es lo mismo, el estado laico bien vale unos votos.
Los candidatos recurren a quienes aglutinan grupos importantes a pesar de las limitaciones en las disposiciones constitucionales y legales. Los ministros del culto están impedidos para intervenir en política partidista, oponerse a las leyes de la República e inducir el voto. En este proceso electoral ha destacado la pasarela de candidatos a la presidencia ante los obispos católicos de México; sin embargo, otros grupos religiosos han tomado opción por algún candidato ofreciendo oraciones y sufragios por su victoria. En las últimas semanas, pastores de las iglesias evangélicas se han sumado a la campaña del candidato del PRI o bendecido al del PRD, invitando a otros cristianos a unirse a la causa por el bien del país.
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