(Peio Sánchez).- Una propuesta bien intencionada que mantiene la tensión narrativa y que propone un modelo de compromiso creyente y social basado en la independencia y la reconciliación sostenido sobre un fondo de fe.
Con unos personajes a veces excesivamente simplificados y previsibles, dejando algunos cabos sueltos en el guión y con irregularidades en la realización, comparte momentos tensos y vibrantes al estilo de «Ciudad de Dios» (2002) de Fernando Meirelles con otros más interiores que buscan profundizar en las motivaciones de los personajes. El resultado es interesante, pero falta profundidad expresiva y simbólica, en un relato demasiado plano donde incluso el sugerente final abierto no acaba de redimir una historia que tenía muchas más posibilidades.
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