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Bofetada inmerecida al Papa

A los lefebvrianos se les quemó la paella

Benedicto XVI no sospechó que su condescendencia era interpretable como debilidad

Ramón Baltar 28 Jul 2012 - 18:47 CET
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(Ramón Baltar).- Al papa Benedicto XVI, que sufre una tiara forrada por dentro de coronas de agudas espinas, le faltaba la bofetada para imitar la pasión de su representado. Le ha llegado con la negativa de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X a aceptar sus condiciones de vuelta al redil, más dolorosa por inmerecida e inoportuna.

Las razones con que justificó el papa el inesperado levantamiento de la excomunión que pesaba sobre los seguidores de Lefebvre y la oferta de resolver las diferencias doctrinales mediante un diálogo entre iguales no prometían un final feliz.

Joseph Ratzinger padece de anomia política y fía demasiado en el poder de la razón, por lo que no sospechó que su condescendencia era interpretable como debilidad y animaba a los empecinados interlocutores a perseverar en sus extravagantes planteamientos y comprometedoras exigencias.

Los teólogos curiales están haciendo encaje de bolillos para facilitarles el regreso a la disciplina romana, pero sus concesiones no pueden desvirtuar la doctrina oficial de la Iglesia Católica. Lo acaba de advertir el nuevo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe: la Tradición no presenta un menú de donde los comensales puedan borrar a su antojo los platos cuyos ingredientes les alteran la digestión solo a ellos. Traducido: si los tradicionalistas no aceptan las enseñanzas del II Vaticano, mejor es que sigan de baja.

La actitud de los lefebvristas incapacita a la Iglesia Católica Romana para desempeñar el papel de catalizador de la unidad de las iglesias cristianas. Si no sabe coser sus desgarros interiores, ¿con qué autoridad moral va a invitar a los hermanos separados a acabar con el escándalo de la desunión? Dígase otro tanto del diálogo interreligioso, tan importante para la paz mundial.

Queda flotando en el aire una pregunta inquietante: ¿por qué se afana tanto Benedicto XVI por atraerse a las fuerzas más conservadoras y se distancia de las liberales? No será que a Dios se le volvió tullida la mano izquierda.

 

 

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