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(Gonzalo del Cerro).- Los apóstoles intentaban convencer al pueblo y al pontífice para que recibieran el anuncio de la nueva fe y aceptaran a Jesús como Mesías. Y en eso estaban cuando se presentó «un hombre enemigo», que reprendió a los judíos por su credulidad ante las enseñanzas de unos hombres desgraciados que iban conducidos por un mago. El hombre enemigo era nada menos que Saulo de Tarso.
Santiago intentó refutar sus argumentos, pero Saulo excitó al pueblo y promovió sediciones y alboroto, de modo que no era posible ni siquiera oír la palabra del apóstol. Como un auténtico poseso, intentaba Saulo llevar a la muerte a todos los apóstoles entre una lluvia de insultos y amenazas. Llamaba a los presentes indolentes y perezosos por su cobarde inacción.
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