(Peio Sánchez).- El 2012 no ha tenido una cosecha brillante y múltiple como el año pasado. La producción, distribución y exhibición cinematográfica están navegando en medio de una crisis económica tan brutal para los débiles como para la cultura. El pensamiento único impera y el negocio de las grandes compañías monopoliza las carteleras, así las pequeñas producciones, si logran llegar a término, no pasan a los cines; al mismo tiempo que se reducen los doblajes o las propuestas subtituladas, originando que muchas películas premiadas en festivales o de reconocido valor no consigan estrenarse ni siquiera pasar al DVD.
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