(Constantino Bada).- La primera pregunta bíblica que me plantearon en los inicios de mis estudios bíblicos en Roma no tuvo lugar en el aula, sino en los pasillos de la Universidad Gregoriana, en aquellos momentos previos a mi primera lección romana. Vino de boca de un compañero canadiense que me espetó: «¿A que no sabes cuáles fueron exegéticamente las exactas palabras que el ángel Gabriel le dijo a María en la anunciación?». Fingí no saber la respuesta para que así pudiera completar la gracia en su incipiente italiano. Respondió, mientras literalmente se descacharraba de risa: «No temas, María, ¡que sólo soy un género literario!».
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