(Edibesa).- El bullicio a que nos somete la vida actual nos ha hecho olvidar la contemplación. Cada vez, el hombre tiene más vida exterior y está conectado con un mayor número de lugares y personas a la vez…
Pero, al tiempo, cada vez tiene menos vida interior. El precio de vivir volcados hacia fuera ha sido la pérdida del silencio y del encuentro con Dios en el santuario del alma.
Por eso urge recuperar a santos como San Romualdo que abran de nuevo para nosotros el horizonte de la contemplación sosegada. Nos lo presenta otro gran hombre de Dios, san Pedro Damián, que escribió sobre él apenas quince años después de su muerte para ponerlo como ejemplo para sus discípulos, y, por qué no, también para nosotros.
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