En nuestra andadura histórica necesitamos apoyos para caminar y no naufragar en nuestros pasos. No son suficientes «alforjas materiales» que dan seguridad y estabilidad pero que no satisfacen de manera plena al alma.
Cuando parece todo tranquilo y la satisfacción se ancla en nuestro entorno, aparece la sombra del temor, la debilidad, la fragilidad y la pequeñez.
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