(Giovanni María Vian).-Es un acontecimiento sin precedentes, y consecuentemente ha dado enseguida la vuelta al mundo: se trata de la renuncia de Benedicto XVI al papado.
Como el propio Pontífice ha anunciado con sencilla solemnidad a un grupo de cardenales, desde la tarde del 28 de febrero la sede episcopal de Roma estará vacante e inmediatamentee después se convocará el cónclave para elegir al sucesor del apóstol Pedro. Así se especifica en el breve texto que el Papa ha redactado directamente en latín y que ha leído en consistorio.
La decisión del Pontífice se tomó hace muchos meses, tras el viaje a México y Cuba, y con una reserva que nadie pudo romper, después de «haber examinado ante Dios reiteradamente» la propia conciencia (conscientia mea iterum atque iterum coram Deo explorata), a causa de la avanzada edad. Benedicto xvi ha explicado, con la claridad propia de él, que ya no tiene fuerzas «para ejercer adecuadamente» la enorme tarea que se pide a quien es elegido «para gobernar la barca de Pedro y anunciar el Evangelio».
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