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Gran capacidad teológica e intelectual

El legado de la enseñanza de Benedicto XVI

Ha resaltado el carácter comunitario y social de la fe cristiana

23 Feb 2013 - 08:56 CET
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(Agustín Ortega, Centro Loyola e ISTIC).- Pocos dudan de la capacidad teológica e intelectual de Benedicto XVI. Se podrá o no estar de acuerdo con él, pero su cualificación y calidad en la teología y, en general, en el pensamiento o cultura, creemos, es una realidad que es de justicia reconocerla.

Ahora que su ministerio petrino va llegando a su fin, es un buen momento para hacer memoria agradecida de lo que ha sido dicho ministerio, un balance o síntesis de la enseñanza que el Papa no ha dejado en herencia. Y además de tener en cuenta otros mensajes o textos, lo haremos siguiendo, en especial, sus tres documentos principales, las encíclicas que publicó: Deus Caritas Est, Dios es Amor; Spe Salvi, La Esperanza que nos Salva; Caritas in Veritate La Caridad en la Verdad. Ya por los mismos títulos y temáticas de dichas encíclicas, podemos observar que Benedicto XVI ha querido recordar y actualizar el corazón o la entraña de la fe cristiana. Nada más importante para la vida humana y de fe, para la espiritualidad, el tener claro el sentido y significado esencial de la realidad, en este caso, de la experiencia cristiana.

Efectivamente, porque como nos muestra el Papa, las fuentes de la fe beben del Dios que es Amor, del Don y Gracia de su Amor, tal como se ha revelado en la vida y pascua de Jesús. En el Regalo del Dios Encarnado y Crucificado en Cristo: se nos manifiesta el amor y la entrega, la comunión, la paz y el perdón, la solidaridad y la justicia con los pobres; La Encarnación kenótica-crucificada (la entrega por amor) de Jesús, el Cristo, es la clave de la historia y del mundo. Esta entrega y comunión de amor, comunión fraterna y solidaria, es lo que celebramos en la eucaristía; esto es, el sacramento primordial del Cristo encarnado en la realidad y en la humanidad, el Cuerpo de Cristo, en el que la iglesia y, con ella, la humanidad se inserta y participa. Siguiendo a la sagrada escritura y la tradición de la iglesia, Benedicto XVI ha resaltado el carácter comunitario y social de la fe cristiana, la participación y comunión fraterna, social y solidaria de toda la iglesia y la humanidad en Jesús Encarnado y Crucificado.

Y es que no es posible separar el amor de Dios del amor a la humanidad, en especial a los pobres donde está asimismo, sacramentalmente (presente), Cristo Pobre y Crucificado. No se puede disociar la fe, el culto y la ética manifestada en el amor-caridad y la justicia con los pobres, en la búsqueda del bien común y la renovación de la sociedad-mundo. El amor, la caridad, que tienen un carácter político e institucional, es inseparable del testimonio o compromiso por la justicia (social, internacional o global) y el bien común, de la defensa y promoción concreta de la vida y dignidad de las personas.

En esta entrega y servicio del amor, la justicia y el bien común se va anticipando la vida plena, eterna, que culminará cuando el pecado o el mal, la injusticia y la muerte hayan sido derrotadas definitivamente. Tal como vislumbra la filosofía y el pensamiento, como por ejemplo el de la Escuela de Frankfurt. De esta forma, la esperanza cristiana no es individualita ni alienante. Sino que es una esperanza comunitaria que se realiza en la fe y servicio del amor y la justicia, en la búsqueda y compromiso por el bien común y el desarrollo solidario e integral de los seres humanos. La esperanza que nos salva y libera busca el amor y el perdón, la fraternidad y la justicia con las víctimas de la injusticia, que nos trasciende hasta la plenitud de la vida (eterna), de la historia, cuando Dios en Cristo sea todo en todo; cuando todo mal, poder e injusticia hayan sido vencidos totalmente en el Señor de la historia, Jesucristo.

Y es que la fe no va en contra de la razón y la inteligencia o la cultura, sino que se complementan y fecundan mutuamente. La fe en el amor libera a la razón de su individualismo y tecnicismo, de su mercantilismo y burocracia. El amor-caridad tiene que ser inteligente y creíble, buscar la verdad y la realidad, ser crítico y ético, transformador y renovador. La caridad, que supone la justicia y el bien común, emplea la razón y sus mediaciones como las ciencias humanas o sociales, el pensamiento y la cultura, para comprender y actuar de forma global e integral en la realidad socio-histórica. De ahí que la espiritualidad y la ética son el marco de fondo y las claves orientadoras de todas las actividades humanas, tales como la política y la economía, las finanzas, la empresa y el mundo del trabajo, el comercio y la técnica, etc. Frente a la actual globalización del neoliberalismo/capitalismo, Benedicto XVI nos muestra como el mercado y las instituciones económicas, el sistema financiero, comercial o laboral: no pueden ni deben funcionar por sí solos, «liberalizados o flexibilizados», sin ningún control o regla; sino que tienen que estar basados y regulados por lo espiritual y por lo moral, por la sociedad civil y las instituciones publicas, de gobierno y leyes cimentadas en la justicia y en el bien común, en la solidaridad y la gratuidad fraterna.

Al igual que hicieran sus predecesores, como Pío XI, Pablo VI o Juan Pablo II, el Papa ha denunciado y deslegitimado moralmente a los dos sistemas contemporáneos, al comunismo o colectivismo stalinista y al neoliberalismo/capitalismo. Ya que niegan respectivamente la libertad y la participación, la igualdad y la justicia social… En definitiva, tanto el capitalismo como el colectivismo se entregan al mercado o al estado como ídolos o dioses, sin tener en cuenta la ética y la vida, la dignidad y el protagonismo de las personas. Benedicto XVI ha mostrado, tal como sucede en la actual crisis, que cuando lo que rige es la codicia y la especulación, la lógica del mercantilismo y de la usura: se crean las injusticias y desigualdades obscenas de nuestro actual mundo capitalista. En este sentido, el Papa ha denunciado la explotación laboral y social de las personas a manos de los poderes de este mundo, como empresas multinacionales; los mismos poderes transnacionales, sigue mostrando el Papa, que acaparan y que expolian los bienes y recursos, como se hace al tercer mundo, por ejemplo, con los energéticos.

Benedicto XVI deja claro, con los informes y estudios actuales, que la injusticia y desigualdad de la pobreza, del hambre o de la exclusión social no es una fatalidad o casualidad. Sino que está provocada por una mala organización y estructuración de la economía y la política, es responsabilidad de la voluntad moral y política de las personas e instituciones. Como se observa, el Papa defiende la vida y dignidad de las personas y de las familias; frente a la injusticia del sistema actual, con sus atentados contra la vida como el hambre y la pobreza, la guerra y la destrucción ecológica, el aborto, la eutanasia o la pederastia, etc. Igualmente, a pesar de lo que nos han hecho cree, ha rechazado claramente los totalitarismos como el nazismo. Y llama a toda a la humanidad y la iglesia, en especial a los laicos, dar testimonio de la fe en la caridad y en la justicia. A ser colaboradores y testigos, mediante el compromiso social y político por la justicia y el bien común en el mundo, por la transformación más directa e inmediata de las relaciones y estructuras injustas, que es la vocación y misión específica del seglar. Y que así se manifieste el amor de Dios en toda la humanidad y el mundo.

No queda más que dar las gracias y las felicidades al sucesor de Pedro, Benedicto XVI, por su fecundo y profundo mensaje y magisterio; deseando, así, que esta enseñanza del Papa nos sirva de orientación para la fe y vida de la iglesia, para la praxis ética y social, en colaboración mutua, de creyentes y no creyentes. Nuestra oración agradecida y en esperanza.

 

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