(José M. Bermejo).- Que San Juan de Dios fue un «indignado», no cabe la menor duda. Que San Juan de Dios fue un profeta, por supuesto. Que San Juan de Dios ejerció la denuncia evangélica está en los genes del carisma de la hospitalidad. Que San Juan de Dios fue un «protestón» social y un revolucionario, es verdad. A su manera, a la manera de Jesús de Nazaret.
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