(Xabier Pikaza).- Siempre que he ido a Jerusalén he bajado las escaleras de la Basílica de la Dormitio (imagen final), lugar donde la tradición recuerda con mucha verosimilitud la muerte de María y su sepultura. Es un lugar «sagrado», que las grandes rutas turísticas apenas explotan, un lugar de emoción para amigos de la Madre de Jesús, que murió siendo «judeo-cristiana», algo que la mayoría de nosotros olvidamos.
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