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Floriano y el ordenador de Bárcenas

Reír o llorar: la cuestión política española

No saben a qué se dedican ni por qué

30 Ago 2013 - 17:11 CET
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(José Ignacio Calleja).-Las declaraciones de D. Carlos Floriano, – uno de los hombres más influyentes del PP -, a propósito de los ordenadores de Bárcenas reclamados por el Juez, ha causado en los ciudadanos una mueca de indiferencia más que de rabia.

Salvo que uno esté enrolado en la filas de un partido, – en este caso el Popular -, difícilmente digiere ni esa ni otra explicación. Y este el problema. Aunque dijese la verdad, no le creeríamos. No la dice, ni la va a decir, – pienso -, pero ni diciéndola, le creeríamos. Esta sí que es la mayor dificultad de la política española y de sus principales actores. Si sólo van a creerme una y otra vez los afiliados, y ni todos, ¡qué difícil tengo gobernar! Cualquier actividad profesional y humana fracasa si desaparece la confianza. Y esto es lo que sucede entre nosotros: el político corrupto no puede decir la verdad y seguir en la política; por tanto, no la dice; pero si alguna vez la dice, no le creemos. Ya sólo creemos a quien habla y se va. Es terrible para la vida pública.

Yo no me sorprendo de que muchos políticos tengan en su vida pública algunos comportamientos discutibles y hasta corruptos, sino de que a toda costa quieran seguir en la política trastocando los hechos y los datos sobre ese error o abuso personal. Esto es lo que me sorprende, que sean tan ingenuos o perversos como para pensar que se puede estar en la vida pública, – la de la gestión honesta del bien común -, y tener detrás unos hechos tramposos, – si no delictivos -.

La pelea de los principales de la clase política, – y con el apoyo masivo de todos ellos -, por evitar que se pruebe ante el juez esta o aquella corrupción, y que de lograrlo, ya pueden seguir con buena conciencia en el ejercicio de la política como servicio al bien común, es alucinante. Cuando lo contemplas, no sabes si reírte o llorar. Y no me creo que sólo sea por dinero, sino porque muchos han perdido el respeto a la función social que representan. No saben a qué se dedican y por qué. Creen que es una carrera profesional más y semiprivada.

 

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