(Bernardo Pérez Andreo).- Las palabras de Francisco, sean donde sean y a quien se dirijan dejan titulares impactantes siempre. Nada de lo que dice o hace carece de un profundo sentido eclesial. Hasta ahora habíamos oído a Francisco hablar de los presbíteros y obispos, de las mujeres en la Iglesia, de los laicos, de la pobreza, de la solidaridad, de la justicia, del capitalismo y de tantas cuestiones pendientes en la relación de la Iglesia con el mundo actual y dentro de ella misma. Sin embargo, aun no habíamos oído una carga teológica profunda contra un modo de ser y de hacer Iglesia que nos estaba alejando del núcleo duro de la experiencia católica: el ser mediación.
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