(Isabel Gómez Acebo).-El grupito de los primeros seguidores de San Francisco viajó a Roma con la ilusión de entrevistarse con el papa y pedirle que bendijera su proyecto de una nueva orden. La idea hubiera sido impensable si no contaran con influencias en el entorno papal que le había conseguido el obispo de Asís, Don Guido, que era romano de nacimiento.
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