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(Confer/OMP).- El paso del tifón Haiyan por Filipinas ha movilizado a las distintas congregaciones religiosas con presencia en aquel país para acompañar y ayudar en estos primeros momentos tras la catástrofe.
El Superior General de los Claretianos, el P. Josep Mª Abella, ha enviado una carta a todos los Misioneros Claretianos en la que informa sobre la situación de la congregación en el país: «la parte más afectada por dicho tifón ha sido Tacloban, una ciudad donde residen las familias de algunos claretianos y de donde está cerca el noviciado de la Provincia de Filipinas. Me he comunicado con el P. Leo Dalmao, Superior Provincial de Filipinas, y con alguno de los claretianos cuya familia se ha visto directamente afectada. Las noticias son todavía algo confusas porque es difícil la comunicación, pero sabemos, por ejemplo, que el noviciado ha sufrido daños importantes y también el centro de formación de evangelizadores que allí tenemos.»
Además, ha hecho un llamamiento a toda la Congregación «para expresar nuestra solidaridad con la Provincia de Filipinas y con las muchísimas personas que necesitan ayuda en este momento. Invito, pues, a todos -comunidades, parroquias, colegios, Provincias y Delegaciones, etc.- a algún gesto de solidaridad con nuestros hermanos de Filipinas y con las personas que están sufriendo a causa del tifón. Sé que habrá una respuesta generosa. Las aportaciones las podéis enviar a los gobiernos de vuestras Provincias o Delegaciones quienes, a su vez, las harán llegar al FUNDUS para ser ingresados a la cuenta de la Provincia de Filipinas. Ésta nos informará, en su momento, del uso de estos fondos y de los proyectos que se están llevando a cabo o que sean necesarios.»
La Orden de los Agustinos Recoletos han informado también que en la zona más azotada viven los familiares de varios agustinos recoletos y tienen un colegio las Augustinian Recollects Sisters. Las comunicaciones son imposibles.
La Orden ha enviado una nota interna solicitando oraciones y ayuda económica a través de una cuenta solidaria. Limítrofe con la capital de la provincia de Leyte, Tacloban -en dirección sudoeste- se encuentra Alangalang, pueblo de 50.000 habitantes. Su Colegio de la Santísima Trinidad es el único ministerio que la familia agustino-recoleta tiene en la isla de Leyte. Lo dirigen las Augustinian Recollect Sisters, congregación filipina nacida a comienzos del siglo XVIII en torno al santuario de la Virgen del Carmen o San Sebastián, de Manila. En total, son 250 hermanas distribuidas en 36 comunidades de Filipinas y otras cuatro en el extranjero.
Desde las Obras Misionales Pontificias ha hecho pública también una nota en la que informa sobre la situación de los misioneros en la zona: «Los misioneros españoles presentes en Filipinas, unos 123, expresan su dolor por la grave situación creada por el tifón. Los misioneros permanecen junto al pueblo, como lo hacen siempre ante las catástrofes, consolándolos, pero sobre todo, viviendo lo mismo que vive la gente en cada momento. El 15 de octubre fue el terremoto de magnitud 7,2 que afectó a Filipinas y, ahora, es el tifón.
La misionera Ana Mª Perea, hermana de Nuestra Señora de la Consolación, se encuentra en la zona centro de Filipinas, en la región de Cebú. Aunque han estado sin luz, no han sufrido esta vez las consecuencias más graves de Haiyán, pero asegura que quienes las han vivido «no despotrican contra Dios«, sino que en estos momentos «creen con más fuerza».
Otra misionera que se encuentra en Manila, Lucía Retuerto, hermana de la Caridad de Santa Ana, manifiesta que las ayudas ya han comenzado a llegar y garantiza que las hechas a través de las Congregaciones religiosas llegan con seguridad a sus destinatarios.
Por su parte, Radio Vaticana se ha puesto en contacto telefónico con el padre Sebastiano D’Ambra, misionero del PIME en Zamboanga: «La situación es muy grave. Se dice que millones de personas, de alguna manera, quedarán afectadas por este evento: miles y miles de personas buscan refugio. Hay muchos muertos y desaparecidos y se espera que sean muchos, muchos más, a medida que se conozcan los hechos. Existe un plan de emergencia puesto en marcha por el gobierno y se está coordinando la situación, pero a algunas zonas no se puede ir. ¡Todo ha sido destruido! Es realmente una situación muy alarmante. ¡Realmente esperamos que las organizaciones internacionales y locales sean capaces de hacer todo lo posible, porque hay necesidad de todo! Las Filipinas están pasando por un período de gran dolor».
El sacerdote Néstor Huenda, del Camino Neocatecumenal, que se encuentra en el norte del país, visitará en los próximos días la zona afectada para obtener información de primera mano, sobre el terreno, aunque sabe que en muchos sitios «No hay manera de entrar porque las calles están sembradas de cables, árboles caídos, etc.».
Como siempre, los misioneros comentan que los más afectados son los pobres, que viven en sencillas casas de bambú que el viento destruye inevitablemente.
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