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Josep M. Bausset

El Santo Cáliz y la solicitud por los pobres

Valenia, solidaria con los más necesitados

29 Ene 2014 - 07:33 CET
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(Josep M. Bausset).- A primeros de junio de 2013, la alcaldesa de València calificaba el Santo Cáliz de la última cena, como «uno de los grandes valores patrimoniales», y por eso expresaba su deseo que fuese Patrimonio de la Humanidad. Es «la joya más buscada», decía también la señora Rita Barberà.

Incluso quería que la ciudad de València fuese conocida por el Santo Cáliz, de la misma manera que la ciudad de Turín es conocida por la Sábana Santa.
Hace unos días, la alcaldesa de València volvía ahora con la idea de promover una Ruta del Santo Cáliz, semejante al Camino de Santiago.

Pienso que está muy bien venerar el Santo Cáliz, pero, por dignidad y por justicia, también hemos de venerar y cuidar de la misma manera, a los más desvalidos de nuestra sociedad. Porque, ¿de que nos sirve enorgullecernos del Santo Cáliz, si después dejamos de lado, sin ninguna ayuda, a los que pasan necesidades? San Juan Crisóstomo lo dice mucho mejor que yo, en el sermón 50: «¿De que serviría adornar la mesa con cálices de oro, si el mismo Cristo muere de hambre? Da primero comida a los que tienen hambre y después, con lo que te sobra, adornarás la mesa de Cristo».

¿No cree la alcaldesa de València que venerar el Santo Cáliz, exige primero atender a las personas más débiles de la capital del País Valenciano? ¿Como es posible que la Conselleria de Bienestar Social tuviese 14000 expedientes de cuidadores familiares paralizados por falta de dinero? ¿De donde salían los 40000 euros de Emarsa, que Esteban Cuesta repartía cada mes? ¿Porque José Cholvi, Defensor del Pueblo Valenciano, ha certificado el deterioramiento del estado de bienestar? ¿Como es que la Comunidad Valenciana es líder en el índice de pobreza en todo el Estado? ¿Porque los enfermos dependientes no cobran lo que les corresponde según la ley?

¿Como puede ser que a Edu Pinto, un niño de Ontinyent, con siete años, y con una leucemia desde los tres años y una escoliosis, la Seguridad Social no sea capaz de cubrir la rehabilitación que necesita? ¿Porque se han de recoger tapones de plástico para comprar aparatos ortopédicos, que la Sanidad tampoco cubre? ¿Hasta donde llegaran los recortes i la insensibilidad de los gobernantes del País Valenciano, cuando hay tanta gente sufriendo?

¿Porque tantos recortes, que están dejando en la pobreza a los más débiles? ¿Porque los pensionistas, después de toda la vida trabajando, cobran una miseria? La rebaja de las pensiones que se está aplicando, ¿serán para los Consellers de la Generalitat, los ministros i los presidentes de comunidades autónomas y del gobierno central o solo para los pensionistas, que ya no pueden vivir con dignidad? ¿El presidente de la Generalitat y sus Consellers, saben qué es vivir con una pensión de 500 o 600 euros al mes? ¿Porque no prueban ellos a pasar con ese dinero, aunque solo sea un mes?

San Juan Crisóstomo decía también: «Cuando adornéis el templo, procurad no menospreciar al hermano necesitado, porque él es un templo mucho más precioso que el otro».

La alcaldesa Rita Barberà quiere que València sea conocida como la ciudad del Santo Cáliz. ¡¡Yo también!! Pero además, quiero que València sea conocida como una ciudad acogedora y solidaria con los más necesitados y no que sea conocida por los recortes inmorales y las políticas restrictivas que se están haciendo contra las personas más frágiles y más desvalidas. Quiero que València sea una ciudad solícita con los enfermos dependientes, con las víctimas del accidente del metro de 2006, con los niños que pasan hambre, con los jóvenes que no tienen trabajo y con todos los que sufren.

Por eso creo que hace falta una denuncia profética, ante la impunidad política, económica y empresarial. Hace falta por parte de nuestros obispos, un «¡Ya está bien!», para denunciar los recortes abusivos y el copago que afecta a las personas más débiles de la sociedad valenciana.

¿Para que sirve que nuestros gobernantes que no faltan nunca a procesiones y a misas, y que han presidido Fórmulas 1, Copas de América y Másters de Golf, luego dejen desamparados a las personas mayores, a los niños o a los jóvenes sin trabajo?

El día del Corpus de 2013, el arzobispo de València, Carlos Osoro decía en la homilía de la Eucaristía: «En la vida, hemos de compartir lo que tenemos, con los otros, no aprovecharnos de ellos». Por eso venerar el Santo Cáliz dejando de lado a la gente desamparada y empobrecida, no es sino una incongruencia.

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