(José M. Vidal/Agencias).- Cinco activistas de Femen, con el torso desnudo y al grito de «aborto es sagrado», han abordado en la tarde del domingo al presidente de la Conferencia Episcopal Española, Antonio María Rouco Varela, cuando se disponía a entrar en la parroquia de los Santos Justo y Pastor, en la calle de la Palma de la capital.
El incidente se ha producido en torno a las ocho de la tarde durante el breve recorrido entre el vehículo en el que se desplazó el cardenal y la entrada del templo, momento que han aprovechado las cinco activistas para lanzar a Rouco varias bragas manchadas de rojo.
Rouco, escoltado por los párrocos, ha conseguido entrar a la iglesia, donde se iba a oficiar una misa, mientras las activistas, en cuyos cuerpos tenían escrita la palabra Femen, han gritado desde la calle «aborto es sagrado» con el puño en alto.
Posteriormente, la puerta principal por la que ha entrado el cardenal arzobispo de Madrid ha sido cerrada y las activistas se han ido caminando por las calles aledañas al templo entre algunos aplausos de los viandantes.
La protesta de Femen tiene lugar un día después de que miles de personas se manifestaran en Madrid contra el anteproyecto de protección de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada.

«Algo muy desagradable»
«Esta noche no habrá comunicado oficial. Mañana, Dios dirá». Es la escueta respuesta oficial que se nos da desde el arzobispado de Madrid.
Extraoficialmente, ha dolido el «esperpento» montado «con premeditación» contra el arzobispo madrileño, cardenal Rouco Varela, cuando se dirigía a celebrar la fiesta de la Candelaria, en el barrio madrileño de Maravillas, en la parroquia de los Santos Justo y Pastor.
La cita del cardenal en ese templo era conocida y se había anunciado en la propia web del arzobispado. Y es que, como dicen en fuentes de la curia madrileña, «el cardenal no se esconde y continúa con su vida normal y con las actividades pastorales programadas, que le esperaban a su regreso de Roma», donde anteayer fue recibido por el Papa y ayer participó en la reunión que los Kikos mantuvieron con Francisco.

¿Cómo está el cardenal? «Muy afectado, como es lógico. Es algo muy desagradable para cualquier persona. Y, además, le duele que haya sido algo planificado, con premeditación, por eso había fotógrafos y cámaras en el lugar de los hechos», explican en el arzobispado.
En cualquier caso, parece que el cardenal Rouco no le quiere dar «mayor trascendencia» ni importancia al tema. De ahí su negativa, al menos por ahora, a lanzar un comunicado sobre los hechos. Entre otras cosas, porque su respuesta avivaría la polémica y le daría «un mayor recorrido al esperpento de las activistas». Silencio, pues, oficial, pero profundo malestar en el entorno del cardenal, que ya sufrió, hace unos meses, un intento de escrache.

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