(Manuel Nieto Salvatierra)- La autora de Francisco, el pañero de Asís, escribe un relato que por sus características me atrevo a calificar como genuinamente franciscano. Me refiero no sólo a la espiritualidad que transmite como al extraordinario estilo literario que utiliza. En este sentido, el encuentro entre los datos objetivos y la ficción literaria apenas es perceptible. En efecto, tanto la biografía de San Francisco como las circunstancias históricas en las que vivió y, las menos conocidas, condiciones sociales y económicas de su mundo, son trabadas en un texto armónico y coherente. La austeridad en el verbo y en los adjetivos utilizados y la contención en el relato trasladan el punto de atención del lector al biografiado y a su mensaje, a costa del lucimiento de la escritora; por eso lo he llamado franciscano: elegancia en la pobreza y en la renuncia o disminución de uno mismo como camino que nos lleva al encuentro con el Otro.
En cuanto al sublime mensaje transmitido, me siento incapaz de sintetizarlo en unas pocas palabras; por lo que me quedo con tres ideas y vivencias del propio texto:
. Los cristianos solo nos podemos salvar si seguimos a Jesús de Nazaret.
. La empujó a que abrazara la pobreza con gozo y caminara siempre junto a Dios, único ser capaz de llenar de afectos y bienes todos los vacíos que pudiera sentir su alma.
. Ésta es la alegría perfecta: aceptar lo que trae la vida que, a veces, supone abrazar la cruz.
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