(JL Espino).- Pese a que hoy día se habla mucho y se defiende la importancia del sacerdocio común, en nuestras prácticas cotidianas siguen apareciendo con frecuencia unas marcadas diferencias de trato entre las distintas vocaciones y ministerios eclesiales. Hay quienes todavía creen que los laicos no tienen ninguna función eclesial, o que, a lo mucho, están supeditados al monopolio que detentan los clérigos y religiosos consagrados en la vida interna de la Iglesia.
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