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El autor del libro "El Rey, la Iglesia y la Transición" pide neutralidad a la Iglesia

Pablo Martín de Santa Olalla: «Blázquez es tan conservador como Rouco, pero es un hombre de mano tendida»

"Tarancón sigue siendo una persona que no tiene una biografía en condiciones"

22 Mar 2014 - 19:42 CET
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(Jesús Bastante)- Pablo Martín de Santa Olalla viene a presentarnos su libro El Rey, la Iglesia y la Transición, en el que analiza el papel que desempeñó la Iglesia en la construcción de la democracia española.

Echando la vista atrás, el autor lamenta que «a pesar de todo lo que supuso para la Iglesia española, Tarancón sigue siendo una persona que no tiene una biografía en condiciones«. También pide que la Iglesia recupere su neutralidad y no entre en el juego político de los partidos.

Santa Olalla ve algunas similitudes entre aquellos años post-conciliares y la actualidad, de la que espera cambios pues, si bien reconoce que «Blázquez doctrinalmente es tan conservador como Rouco«, apunta que «en las relaciones es un hombre de mano tendida y de consenso». Además, confía en que «los obispos tienen como deber fundamental seguir las instrucciones de Roma, y si Roma les pide un cambio de rumbo, lo van a hacer».

¿Cuál fue el papel de la Iglesia en la Transición española?

De esto se habló mucho en su momento, pero ahora ya no se habla. Y eso es precisamente lo que yo he querido reivindicar en este libro, que se funda en dos elementos principalmente: el papel (que yo considero decisivo) de la Iglesia en la constitución democrática de España, y por otra parte la negociación de los acuerdos Iglesia-Estado que llevan al desmantelamiento del Concordato de 1953. Entonces, es cierto que hay un papel previo de la Iglesia durante el final del franquismo, un papel fundamental que a Iglesia ejerce en la deslegitimación del régimen de Franco; pero fue en el momento de comenzar el cambio político cuando la Iglesia dio el paso decisivo, al apoyar al monarca en la configuración del nuevo marco político, económico y social que desembocará en lo que conocemos como la Constitución del 78.

¿Y por qué crees que ya no se habla de esto?

En primer lugar, creo que, por las razones que sean, tenemos muy olvidada la figura del gran líder de ese tiempo, que fue el cardenal Tarancón. En noviembre de este años se cumplirán 20 años de su fallecimiento, y más de 30 desde que se jubilara como arzobispo de Madrid. Y a pesar de todo, Tarancón sigue siendo una persona que no tiene una biografía en condiciones.

¿Piensas que esa falta de reconocimiento viene más bien desde dentro de la propia Iglesia, que desde la sociedad civil?

Sí. El problema fundamental es que la generación de obispos que lideró Tarancón poco a poco va extinguiéndose. Recientemente tuvimos el fallecimiento de uno de sus colaboradores, José Delicado Baeza, obispo emérito de Valladolid. Y hace siete años, cuando tuvo lugar el centenario de Tarancón, recuerdo la pobreza en conjunto de los actos que hubo en torno a ello. Es decir, le hicieron un homenaje en su pueblo natal, hubo un acto en la Fundación Pablo VI, otro en la Universidad Pontificia de Comillas… pero nada más. Ni siquiera se llegó a escribir una biografía sobre su persona.
El tiempo ha ido pasando y hemos llegado a un punto en el cual desconocemos por completo cuál fue el papel de la Iglesia en ese aspecto. Hasta el punto de que en este momento algunos llegan a pensar incluso que la Iglesia ha constituido un elemento involucionista.

Muchas veces dando clase recuerdo un estudio que hizo el actual ministro de Educación, José Ignacio Wert (cuando era sociólogo, que por cierto, creo que se le daba mejor que ser ministro de Educación), en el que destacaba una serie de elementos que habían sido fundamentales para configurar el nuevo marco político en España, y de todos ellos, la única institución que obtenía una puntuación por debajo del cinco era la Iglesia. Se trata de una encuesta del año 2007 que relfleja la visión de esa época. Por eso he querido, a través de este libro, recuperar la memoria de lo que sucedió.

Y lo que sucedió fue que cuando murió Franco, teníamos una figura políticamente débil (Juan Carlos I) que requería de apoyos inmediatos. Ahí fue cuando apareció Tarancón y dijo «no se preocupe, Don Juan Carlos, que va a tener usted el apoyo de la Iglesia en todo momento».

¿Ha quedado la imagen de la Iglesia del periodo franquista, que llevaba bajo palio al dictador, y que hoy se identifica con la Iglesia que beatifica a los mártires de un solo bando, resucitando antiguos esquemas?

Sí. Pero hay que recordar que el franquismo duró cuatro décadas, y por tanto, no es lo mismo la Iglesia de los años 40 que la de la última década. Es muy diferente, a pesar de que Tarancón fuera obispo desde el año 45. Porque él tuvo la capacidad de evolucionar y de captar el cambio que se produjo dentro de la Iglesia y del poder temporal (el poder político). Y a partir del Concilio Vaticano II se acabó convirtiendo en el hombre de Pablo VI en España. Así comenzó, de manera paulatina, a liderar la Iglesia con el apoyo de una nueva generación episcopal caracterizada por algo muy importante: Como el Vaticano II estableció la obligación de los obispos de presentar su renuncia a los 75 años, numerosas diócesis quedaron vacantes. Esto, combinado con una hábil política de nombramientos por parte del Nuncio, es lo que llevó a que la Conferencia Episcopal, que inicialmente era bastante conservadora y cerraba filas en torno a Franco, en el año 73 se desmarcara por completo a través de un documento. Ya dos años antes, en la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes, se había visto lo que no se hubiera esperado años antes: pedir perdón por el papel de la Iglesia durante la Guerra Civil. Es cierto que podría haber sido una disculpa más completa, pero al final lo que importa es que reconocieron que no habían sido instrumento de reconciliación para los españoles. Eso fue un gesto audaz de Tarancón, que se sabía plenamente respaldado por Pablo VI.

Durante lo años 80 quedó lo que yo llamo «el taranconismo sin Tarancón», porque quedaban muchos obispos de mentalidad muy abierta dispuestos a olvidarse de una Iglesia politizada. Es una generación que también hay que reivindicar en cierto modo. Díaz Merchán, Llanes, Fernando Sebastián, Delicado Baeza… Obispos nacidos en una misma década, cuyo papel fue demostrar que la Iglesia era capaz de la separación Iglesia-Estado y de vivir en un Estado aconfesional.

Pero lo que pasó con el tiempo fue que la política de nombramientos episcopales fue tan conservadora en conjunto, que ha dado lugar a la imagen que tenemos actualmente, de una Iglesia demasiado posicionada a la derecha, incluso identificable con algún partido político. Y eso no es positivo, porque contradice la neutralidad de la Iglesia cuando declaró que ninguna opción polñitica es capaz de agotar o acaparar la riqueza del Evangelio. La idea fue ser neutrales frente a la política, no apoyar a ningún partido y pedir a los españoles que participaran en el proceso de cambio político.

¿Vemos, por tanto, un cambio radical con la actualidad, cuando la Iglesia no pide el voto directamente para un partido concreto, pero sí establece una serie de criterios que, como tú has dicho, son fácilmente identificables?

Sí, y esto se vio especialmente en las elecciones de 2008 y de 2011, en las que se hizo una mención muy clara al problema del terrorismo. Cuando la Iglesia declaró ser totalmente contraria a cualquier tipo de negociación, perdió abiertamente su neutralidad, y por eso recibió una censura muy grande por parte del Partido Socialista.

Eso es lo que tenemos que recuperar. La Iglesia ha de ser neutral y no entrar en el juego de los partidos políticos. Y en ese sentido, creo que la etapa en la que entramos en estos momentos (de la mano del presidente Blázquez y del vicepresidente Osoro) va a estar marcada por un tipo de pastoral diferente, mucho más social. Creo que los temas controvertidos con el poder político son más bien pocos. La Iglesia ya entró en el tema de los independentismos y de los nacionalismos en el años 2002, en su documento de valoración del terrorismo, sus causas y sus consecuencias. Por otro lado, sobre el tema del aborto, creo que sería positivo que PP y PSOE llegaran a un acuerdo, por ejemplo retornar a la ley del 85, lo que requeriría negociar. Pero creo que la Iglesia tiene que preocuparse más por hacer una lectura interna de cómo atraer de nuevo a los fieles, con el ejemplo de Francisco, que es un fenómeno mediático.

Enlazando con el libro, si en su momento la Iglesia fue clave en la construcción de la democracia en España, en este momento lo que esperaría o lo que le pediría a la Conferencia Episcopal es un documento en el que, con toda su autoridad moral, la Iglesia hable sobre la regeneración democrática en este país. Que se haga una crítica abierta a la corrupción y de otra serie de fenómenos.

En su primera entrevista en 13TV, Don Ricardo Blázquez, que es un hombre pausado y conciliador, se exaltó en un momento determinado: con el tema de la corrupción. Porque es algo que le toca de lleno. Y es que tenemos que tener en cuenta que desde el punto de vista institucional estamos muy desprotegidos: los partidos políticos están corruptos y nos han demostrado que no tienen ningún interés en regenerar la vida democrática de este país (sólo hay que ver el tema de los nombramientos del Consejo General del Poder Judicial, en los que estuvieron implicados PP, PSOE, PNV, IU y CiU). La patronal también está corrupta, los sindicatos, corruptos. ¿Quién nos queda en este momento que pueda alzar la voz en favor de una sociedad que está sufriendo? Yo creo sinceramente que la Iglesia. A pesar de aquello que se dice de «no pongas la mano en el fuego, que te quemas·», yo sí que creo en la integridad de los obispos españoles. Y lo creo sinceramente.
El haber concedido un segundo mandato a Blázquez es un gesto que demuestra unos valores. Para los obispos es muy importante conceder dos trienios a cada presidente. No lo hicieron en el 2008, porque consideraron que en ese momento hacía falta otra persona, pero ahora han querido darle el trienio que no le dieron en el 2008.

¿Por qué crees que se puede esperar un cambio cuando los mismos obispos que, como tú has dicho, en un momento dado se posicionaron a favor de una opción política determinada y rompieron su neutralidad, siguen formando el ejecutivo de la Conferencia Episcopal?

Bueno, hay comportamientos de la Conferencia Episcopal que hasta ahora han llevado la impronta de la persona que ha liderado la Iglesia española estos años. Pero esa persona ya no es presidente de la CEE, y está a punto de jubilarse como arzobispo de Madrid. Blázquez no va a ser igual, estoy convencido. Por su propia naturaleza. Ya lo demostró cuando mantuvo relaciones cordiales con el Partido Socialista en un momento muy difícil. Es cierto que él doctrinalmente es tan conservador como Rouco, pero luego es un hombre de mano tendida. Un hombre de consenso. Y eso es lo que va a buscar desde el primer momento.
A eso se suma que los obispos van a tener más libertad de actuación, y que puede que se produzcan nuevos nombramientos episcopales en los próximos meses… ¿Por qué no va a haber un cambio?

Sin embargo, ¿se pueden esperar cambio de la «cantera» de sacerdotes y seminaristas, que ha sido formada bajo una misma línea?

Para mí un lugar de selección magnífico es la Universidad Pontificia de Comillas. Los jesuitas han conseguido mantener un clima teológico bastante abierto en conjunto, que es algo inherente a su formación. También me consta que hay sacerdotes diocesanos que son personas abiertas. Eduardo de la Hera, un sacerdote de Palencia que ha escrito mucho sobre Pablo VI, sería un excelente candidato para obispo. Otro ejemplo sería quien fue durante muchos años vicario general de la diócesis de Huesca, José Antonio Satué, que también es una persona de mentalidad plenamente post-conciliar. Y hay otros ejemplos de candidatos con un perfil determinado. La labor del Nuncio es buscarlos.

También hay que recordar que en la época de Tarancón había obispos con un marcado perfil conservador que sin embargo se supieron adaptar al cambio de los tiempos y supieron ver el momento político.
Los obispos tienen como deber fundamental seguir las instrucciones de Roma, y si Roma les pide un cambio de rumbo, yo creo que ellos lo van a hacer.

¿O sea que estás esperanzado respecto al futuro?

Si. Pero también sé que va a llevar tiempo. Yo veo a España en este momento como en los años del post-Concilio. Es decir, una Iglesia conservadora en España que sin embargo está recibiendo el impulso de la Iglesia universal de Roma. Y veo una rapidez de movimientos muy importante.

Entonces, esto no va a ser de la noche a la mañana, pero sí que veo que en un plazo de cinco o seis años cambiará el episcopado. En época de Tarancón, si en el 66 o 67 el episcopado era de clara mayoría conservadora, en el 73 ya era netamente aperturista. ¿Por qué no va a pasar lo mismo ahora?

Algunos titulares:

-A pesar de todo lo que supuso para la Iglesia española, Tarancón sigue siendo una persona que no tiene una biografía en condiciones

-La política de nombramientos episcopales conservadora dio lugar a la imagen que tenemos actualmente de una Iglesia demasiado posicionada a la derecha, incluso identificable con algún partido político

-La Iglesia ha de ser neutral y no entrar en el juego de los partidos políticos

-La Iglesia tiene que preocuparse más por hacer una lectura interna de cómo atraer de nuevo a los fieles, con el ejemplo de Francisco, que es un fenómeno mediático

-Creo en la integridad de los obispos españoles

-Blázquez doctrinalmente es tan conservador como Rouco, pero en las relaciones es un hombre de mano tendida y de consenso

-Los obispos tienen como deber fundamental seguir las instrucciones de Roma, y si Roma les pide un cambio de rumbo, lo van a hacer


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