(Juan Jáuregui).- Cómo cambian las cosas. Hasta hace unas horas, la Cruz era signo de maldición. Y el que colgaba del madero era un maldito.
Pero, desde que Jesús subió a la Cruz: Ni la Cruz es una maldición, Ni el crucificado un maldito.
Cruz y Crucificado se hacen bendición. Porque se hacen vida y se hacen revelación de Dios.
Ya lo había dicho Jesús. «Cuando sea levantado en alto atraeré a todos hacia mí».
Y el profeta lo había anticipado: «Mirarán al que traspasaron».
Lo que era signo de ignominia ahora se hace signo y palabra de revelación.
Desde ahora la Cruz será un lugar de cita de Dios con el hombre y del hombre con Dios.
Y cuando Dios y el hombre se encuentran y se dan la mano en la Cruz de Jesús,
Dios se revela en sus intimidades al hombre
y el hombre descubre la verdad de Dios.
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