(Ángel M. Sánchez)- Como hace siglos, en este viejo continente asistimos a una crisis europea de identidad. La división de la Cristiandad ocasionada por la división entre los cristianos (el Cisma de Oriente y el de Occidente), ocasionó una gran crisis de identidad entre los europeos que favoreció las revoluciones siguientes, la política (sometimiento del poder espiritual al poder temporal, de la comunidad a la Nación), la económica (preponderancia de la industria sobre la agricultura) y la cultural (de la ciudad sobre el campo). Como ya le pasó a España en el siglo XVII, muchos europeos y muchos cristianos europeos sienten la tentación de volverse euroescépticos.
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