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Isabel Gómez Acebo

Sombras ante la nueva reunión de la LCWR

800 mujeres debaten sobre los límites de la obediencia a Roma

Isabel Gómez Acebo 07 Ago 2014 - 08:30 CET
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(Isabel Gómez Acebo).- Este grupo americano, que reúne al 80% de las religiosas de USA, celebra su reunión anual (la tercera de su historia) en Nashville entre el 12 y el 16 de agosto en la que participarán 800 religiosas elegidas democráticamente por sus comunidades.

No va a ser una reunión placentera ya que la LCWR está siendo estrechamente vigilada por la congregación vaticana de la Doctrina de la Fe desde el año 2012. Hay muchas cuestiones en juego como el papel de la vida religiosa, la relación entre religiosos y obispos, los límites de la obediencia y las diferentes prioridades que cada colectivo da a la misión de la Iglesia.

Sinceramente creo que hay algo más en juego que es el papel de las mujeres dentro de una institución que mantiene un sistema de poder masculino del que las mujeres están excluidas. Quizás uno de los puntos actuales donde se puede ver este problema lo encontramos en este colectivo, El cardenal Müller, que es el prefecto de la Congregación, ha determinado que todas las futuras asambleas y la elección de conferenciantes y temas tienen que ser consultados con un obispo supervisor, las niega la mayoría de edad.

Hasta ahora todas las reuniones que las monjas habían tenido con el obispo Sartain, escogido por Roma para esta labor de supervisión, habían sido correctas incluso el obispo las calificó de «muy buenas». Pero no se puede decir lo mismo de una reunión que mantuvieron con la Sagrada Congregación en Roma este último mes de abril.

Las palabras que les dirigió Müller no pudieron ser más duras pues las acusó de una teología equivocada y de andar por la vida de mala fe ya que escogieron a Sr. Elizabeth Johnson para honrarla por sus trabajos criticados por los obispos. Lo que demostraba, según el cardenal que no estaban dispuestas a seguir el protocolo de reforma que habían firmado y que, de ahora en adelante deberían de presentar los nombres de las personas al obispo Sartain que debería de dar su aprobación.

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