(Xabier Pikaza).- Mahoma fue un «hombre de Dios»: un inspirado o profeta que escuchó y anunció la Palabra; un enviado a quien Dios confió la tarea de convertir a su ciudad. La mayor parte de los habitantes de La Meca veneraban a dioses y diosas vinculados al culto de la piedra sagrada, Kaaba, donde peregrinaban las tribus del entorno. Había allí ricos mercaderes que habían instaurado una oligarquía comercial, oprimiendo a los pobres. A todos ellos ofreció Mahoma, entre 613 y 622, su primer mensaje que podemos resumir en estos puntos.
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