(Jairo del Agua)- Muy estimado D. Ricardo: Le confieso, para empezar, que le tengo a Ud. una enorme simpatía. No porque sea Arzobispo y futuro Cardenal de nuestra Iglesia. Esas son funciones o ministerios que en nada les hacen superiores a los «carboneros de la fe» como un servidor.
Le tengo simpatía porque su rostro refleja bondad y paz. Eso me anima y me estimula. «Paz y Bien» no es solo un saludo franciscano, es una genial síntesis del Evangelio que Ud. me recuerda solo con verle.
El motivo de estas letras es el cuestionamiento que me provocó, hace no mucho tiempo, esta pública frase suya: «Afirmar que Dios existe no es una amenaza para nadie«. Pues depende. Si hablamos del Abba, revelado por el Señor, su frase es perfecta.
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