(César Caro, Brasil).- Camina inconfundible con sus botas, su sombrero, su eterna chompa verde y el pelo de nieve. Sonríe detrás de sus enormes gafas y al abrir los brazos a los niños parece extenderse como un mecano, grandazo y desgarbado: -«¡Señoritaaaaa!». Ha gastado 18 años de su vida en el Perú y ahora está de despedida. Es el Padre Ángel Maya, maestro de escuela, maestro de sacerdotes y maestro de vida.
Maestro por vocación, apasionado e incombustible. Ángel se pasa el día enseñando cosas. Cuando habla te dan ganas de tomar apuntes, porque de todo sabe y todo te lo explica con muchos ejemplos, con pedagogía, como en la escuela de Brovales o la de Valencia del Ventoso. Sabe de mecánica, de reforestación («donde hay árboles se puede vivir y la gente se queda»), de matemáticas, de historia universal, de derecho canónico, de cooperativismo, de física, de albañilería… Yo le he visto explicándole a Toni cómo le tiene que arreglar la moto.
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