En pleno casco histórico de la capital de la gastronomía española en este año 2015, se ubica esta interesante y escueta tapería.
Tras el agradecido consejo de uno de los empleados en acudir al establecimiento con bastante antelación respecto a la hora habitual de cena, traspasamos la puerta que da a un pequeño patio para vivir la primera sorpresa: ocho y veintidós de la tarde, veinticuatro personas esperando la apertura, qué buena señal.
Quince minutos después, las puertas siguen cerradas, el personal comienza a posicionarse, la gente se impacienta, la sorpresa perdura.
La barrera cede y la cola avanza, somos conscientes de la diminuta sala y surgen las dudas sobre si llegaremos a coger mesa, esto es de coña…
Finalmente logramos coger taburete y sentimos un inevitable alivio, las expectativas crecen.
Observamos como el planteamiento a priori no es complejo, la carta contempla opción de tres raciones a modo de entrantes (también disponible en medias raciones), catorce tapas saladas y tres dulces junto a unas pocas propuestas fuera de carta, sin más. No obstante, este negocio es uno de esos proyectos donde la simpleza bien tratada y el sentido común es sinónimo de éxito. El resultado global es bueno.
La idea es conjugar de una manera resultona precios asumibles, cantidad en las elaboraciones esperada para este tipo de formato reducido, sabores estimulantes, buenos emplatados y por qué no, el encanto de la ubicación.
El local dispone de una agradable pero pequeña sala y otra auxiliar aún más diminuta.
El elemento negativo más reseñable de la experiencia lo representa la lentitud del servicio, justificado por el poco personal en sala-barra (y posiblemente en cocina), lo que genera largas esperas entre tapa y tapa (algo más de dos horas).
A continuación, facilitamos imágenes de algunas de las tapas degustadas:
Croquetas de patatera. Correctas en texturas y equilibradas en sabor, acompañadas de una inesperada pero original y adecuada guarnición.
Morros de cerdo. Ricos en sabor y punto de cocción aunque excesiva su cantidad en el relleno. Se vería necesaria la presencia de elementos que compensen el exceso de grasa.
Turrón de Foie y patés variados (atún e hígado de cerdo). Flojo el paté de atún, conseguido Turrón de Foie y excesiva cantidad y potencia en boca el paté de hígado de cerdo.
Puntas de Solomillo con queso (fuera de carta), cebolla caramelizada y almendra picada. Buen planteamiento aunque falto de de sabor.
Flan de Torta del Casar. Excelente.
En resumen, hablamos de una grata sorpresa la de esta tapería «La Cacharrería», agradable estancia y muy buena relación calidad-precio. Otro lugar más que anotar en esa interesante ruta gastronómica cacereña.
La Cacharrería
Calle Orellana, 1, 10003, Cáceres
Teléfono: 615 21 27 50
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