(Carmen Bellver).- Es el río de la desolación:
la mirada perdida, los pies hundidos
en el fango del caminar sin rumbo.
Son los valientes que no temen
la suerte o el destino, que cruzan
las alambradas y fronteras
que avanzan en su desesperación.
Y nosotros, aquí, en silencio
asistiendo al barranco de la muerte,
al goteo caótico de los náufragos
al llanto continuo de los niños.
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